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Oct
26
2017

Venezolano feo y Colombiano feo.

Desde principios de año, sin que sea mi intención, he estado encabronando a mis amigos venezolanos que me preguntan con una absurda emoción infanti: “¿qué crees que pase ahora?”. No esconden su molestia ante mi respuesta, seca y tajante: Nada. Estamos en un deja vú. A lo cual responden que esta vez sí tocamos fondo y que soy una pesimista de mierda.
 
Recientemente vi una foto, en el muro de una amiga colombiana, donde se ve gente buscando comida en la basura y resulta que eso está pasando en muchas ciudades de Venezuela, y no sólo en los sectores populares; el verdadero escándalo es que ahora nuestra amada clase media está comiendo de la basura.
 
Lo supe por una amiga, cuyas palabras fueron “gente como tú y como yo”. Me lo confirmó una vecina de Prados del Este, un sector estrato 5 en Caracas, donde los vecinos ya estaban comenzando a hurgar la basura para llevar algo de comer a su casa. Pero cuando algunos amigos, dueños de costosos restaurantes de Caracas me dijeron que habían decidido sacar los restos de comida que aún se podían consumir en contenedores aparte… realmente me desplomé y comencé a pensar que tal vez ahora sí tocamos fondo.
 
Pero mientras por un lado sé de gente sacando comida de la basura, también veo una buena cantidad de venezolanos ostentando sus salidas a buenos sitios, sus fiestas, sus viajes y sus grandes carros, en las redes sociales. Y además se molestan porque alguien les pide un poco de discreción y responden con el calificativo: Resentido.
 
Así, de golpe, miro para un lado y para el otro de la frontera que separa a Venezuela de Colombia y pienso en el temor que está sintiendo el colombiano por los resultados electorales del próximo año y en la polarización política que ha invadido al país. Y luego de colar todo, veo lo mismo: Resentimiento.
 
Colombia es un país maravilloso, como lo fue Venezuela, con un futuro brillante ¡si es que sobrevive a su presente! Con una población joven y emprendedora, que está creciendo en medio de un ambiente lleno de resentimiento. Además son jóvenes que están formándose sin la capacidad de valorar lo que tienen, porque todo lo dan por sentado, nada vale, nada importa, los demás no existen cuando están en el camino de mis metas.
 
A los venezolanos el resentimiento nos explotó en la cara y, por nuestra natural idiotez, nos reímos e inventamos chistes. Al fin y al cabo, el venezolano es chévere.
 
El colombiano no lo sabe, pero se odia. El bogotano odia al costeño… de hecho el bogotano odia a todo el mundo y los acusa a todos de dañar su hermosa ciudad. A los costeños les llaman “corronchos”, un epíteto que puede hacer saltar a cualquier oriundo de la costa. Pero los nativos de Antioquia no pierden una oportunidad para hablar de su superioridad, de tener la mejor ciudad, de tener las mujeres más bellas, etc.
 
En Venezuela siempre fuimos racistas, pero lo hacíamos como un chiste, porque nosotros hacemos de todo un puto chiste. Pero el colombiano no. Es tan fuerte el racismo en este país que en una ocasión fui con un niño negro de 11 años a la iglesia y él se sentía incómodo porque sólo había un negro más aparte de él. Curiosamente, los que para mí eran negros, para él eran claritos…
 
En Colombia hay un programa llamado “Ser pilo paga”, que consiste en otorgar becas para que los estudiantes de bajos recursos, de los colegios públicos, que muestren tener la capacidad para cursar una carrera universitaria, puedan hacerlo en las mejores universidades del país. Meses después de su implantación, en las redes sociales de las prestigiosas universidades colombianas se podía leer a los estudiantes señalando indirectamente a los jóvenes de dicho plan de ser responsables del alza en la delincuencia en el Campus.
 
Resentimiento. Una palabra fea que resume la realidad de nuestras sociedades. Ese odio oculto que se deja verter por la alcantarilla electoral, donde cada rata que puede se queda con una gota de ese resentimiento que destilan nuestros ciudadanos… y en Venezuela nos ha costado la democracia, veremos cuánto le cuesta a Colombia, o quizá de este lado de la frontera sí estén despiertos para actuar a tiempo.
 
Venezuela no va a salir de la crisis todavía, porque el venezolano sigue creyendo que todo ha sido por la mala suerte. En Venezuela se siguen repitiendo los mismos errores en los que llevamos 15 años. ¿Colombia aprenderá a tiempo?
 
Un consejo final a los colombianos: No crean que insultando a los que cambian su voto por una bolsa de comida van a lograr que no elijan a un presidente populista. Si usted quiere evitar que eso pase, comience a organizarse con su círculo más cercano y analicen cómo pueden aportar algo al país, de manera que a esos a quienes les importa un pito la democracia, porque la democracia nunca les ha dado nada, puedan tener algo para sopesar a la hora de votar.
 
La Pedroza.