En buena medida, mis amistades reales y virtuales pertenecen a una clase media latinoamericana que ha tenido acceso a la educación privada. Muchos ostentan más de un título universitario, posgrados, buenos cargos en grandes empresas… en fin, gente a la que uno cree que se le puede demandar un nivel de análisis acorde a tanta preparación.
 
Sin embargo, luego de los sucesos del pasado jueves en Bogotá, en el marco de una protesta estudiantil que está dividiendo al país y terminó en una batalla campal entre policías y encapuchados, he leído tantos comentarios de esa clase media educadita de Colombia que decidí romper el silencio y hacer una invitación a la reflexión desde la perspectiva de quien ha vivido la decadencia y destrucción de una democracia que, a todas luces, pintaba mejor que la realidad actual de la mayoría de las democracias latinoamericanas.
 
Partamos de un punto indiscutible: La educación es vital para el bienestar de las sociedades y para la supervivencia de las democracias. No en vano Simón Bolívar afirmó que “Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”. Si no lo creen, échenle un vistazo a Venezuela. Y aunque en el vecino país era más fácil el acceso a la educación tanto básica como universitaria, la calidad de la formación pública en los niveles básicos se deterioró de tal forma que cada vez era más difícil el ingreso a las universidades estatales para los egresados de colegios del Estado.
 
Aquí en Colombia he tenido la oportunidad de servir en una fundación donde atendemos a familias en situación de vulnerabilidad, y todos los beneficiarios estudian en colegios distritales. El nivel de conocimiento de estos niños es significativamente inferior al de otros menores que estudian el mismo grado en colegios privados. Tuve la desgracia de saber que lo que le enseñan a un niño de un colegio privado, digamos en primer grado, el estudiante del colegio distrital lo aprenderá en segundo grado. Y lo supimos porque los libros de la biblioteca de la fundación han sido donados por estudiantes de colegios privados y, ayudando a nuestros pequeños a hacer las tareas y no encontrar el tema estudiado en el libro del grado correspondiente, buscamos en los de los grados superiores e inferiores y ¡sorpresa! Los niños de colegios privados les llevan un año de ventaja en conocimientos.
 
Pero esto no es exclusivo de los barrios pobres, porque tengo una amiga muy cercana cuyos hijos estudiaron parte de la primaria en un colegio distrital en un barrio estrato 4 y eran los alumnos más destacados de la institución; cada año estaban en el cuadro de honor. Pero cuando los cambiaron a colegio privado, el choque fue brutal: Los tres brillantes estudiantes del colegio distrital estaban muy por debajo del nivel que exigía el colegio privado y tuvieron que pasar por un intenso proceso de nivelación.
 
Aun así hay gente en Colombia que afirma que en este país el que es pobre es porque es flojo, porque aquí lo que sobran son oportunidades. ¡Cuánta ignorancia de la realidad social! Mientras los hijos de los pobres estudian en colegios que no llegan a acercarse al nivel de una institución privada, los hijos de la clase media educadita de Colombia estudian en colegios impagables para la mayoría de las familias; y no contentos con esto, los padres exigen que se cobren bonos extraordinarios,de sumas tan elevadas, que desincentiven el ingreso de estudiantes de familias de estratos bajos y medios.
 
Yo no voy a hablar de los ricos, hablemos de la clase media, esa clase media que sabe que para estudiar en este país hay que endeudarse de forma ridícula con una institución llamada ICETEX, representante del diablo en Colombia, con quien todo el mundo está comprometido hasta el próximo siglo. En Colombia el costo de un semestre en una universidad, el más barato que he escuchado, equivale a casi seis salarios mínimos… pero no hay una agenda común entre la sociedad y los estudiantes para exigir más presupuesto para la educación pública.
 
No hay duda de que la violencia no es el camino, no lo ha sido jamás y nunca lo será. Sin embargo, usted que es un personaje lindo de la clase media educadita de Colombia, que quizá está terminando de pagar el crédito con el ICETEX ¿cree que la educación pública no es algo por lo que valga la pena luchar? ¿Usted es de los que piensa que como no hay nada gratuito, y esa educación sale de los impuestos, es mejor meterle plata a otras cosas? Sí, no hay nada gratis, la educación que es gratuita para algunos en realidad la paga toda la sociedad, pero entienda algo ¡Esa es la mejor inversión que usted puede hacer en su vida!
 
Aunque usted trate de meterse en una burbuja y criar a sus hijos en su burbuja, permítame le rompo la ilusión con la aguja de la realidad ¡Mire lo que pasó con las burbujas en Venezuela! Más tarde o más temprano nos va a alcanzar la realidad y sus hijos van a tener que vivir en un país con niveles de desigualdad aberrantes y explosivos. Todos necesitamos entender que la pobreza y la ignorancia no le conviene a nadie. Por más que usted quiera llamar a los estudiantes “Mamertos”, admita que ellos están luchando por algo que usted no quiso hacer, no están luchando sólo por ellos, no están persiguiendo la agenda de una minoría, porque mientras usted quizás hipotecó la casa para que su hijo pueda ir a una universidad privada, porque nunca tuvo los cojones de pelear por sus derechos constitucionales y los de sus hijos, hay un buen número de estudiantes de las instituciones públicas que están cargando sobre sus hombros una lucha que, de ganarse, va a beneficiar a muchos otros que están en el anonimato y que ni siquiera se atreven a soñar con ir a la universidad.
 
A todos nos molesta el desenlace violento de las protestas, pero si cada uno desde su ámbito de acción comienza a interesarse por la educación de una mayoría desaprovechada hasta ahora, seguramente desaparecerían los violentos que se esconden detrás de una capucha. Pero si usted no va a hacer nada por el cambio pacífico que aún puede lograrse en este país, por lo menos tenga la delicadeza de no rebajar al movimiento estudiantil al epíteto de violento, mamerto y cosas similares. Si usted no va a hacer nada por el cambio, no se atraviese en el camino de los que ya están haciéndolo.
 
La Pedroza.