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Jan
16
2016

Seminario de Teología: Los que quieren dar la vida. Clase 7.

La comprensión de un texto se facilita cuando conocemos la intención del autor. En el caso de la Biblia, sabemos que el propósito del libro es conocer a Jesús, para que creamos que él es el Hijo de Dios y creyendo tengamos vida en su nombre (Juan 20:30-31).
Jesús mismo lo dijo a los judíos cuando los instó a “39. Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40. y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” (Juan 5:39-40)  Y en Juan 17:3 “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”
Cuando leemos la palabra debemos buscar conocer a Dios mediante Jesús y así tener la vida eterna. Ese es el propósito de todo el libro, de toda la Biblia.
Cuando Jesús habla de escudriñar las escrituras, se estaba refiriendo a la Ley, los Salmos y los profetas, pues el Nuevo Testamento aún no había sido escrito. Sin embargo, todo habla de él, todo el libro nos da a conocer a Jesús.
Antes de comenzar a analizar el texto que nos compete la clase de hoy, tocaremos un punto que suele ser malinterpretado: La fe.
A lo largo de la escritura vamos a leer de muchos personajes que tenían fe, algo que actualmente mucha gente cree tener, por ello vale la pena preguntarnos ¿Qué es tener fe? ¿Cuál es el requisito fundamental de la fe?
En Hebreos 11:1-3 leemos “1. Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. 2. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. 3. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.”
¿Cuál es la parte del hombre? La respuesta sería la certeza y la convicción. Pero ¿certeza y convicción son sinónimos de fe? Absolutamente no.  El hombre puede tener certeza y convicción respecto a los resultados en determinadas circunstancias de su vida, pero eso no es fe.  A eso puede llamársele pensamiento positivo, ley de la atracción o cualquier otra cosa, pero no es fe.
¿Qué más hace falta para que la certeza y la convicción del hombre se transformen en fe? Ese elemento es la Palabra de Dios, pues es a través de la palabra de Dios que el universo ha sido constituido. El versículo 3 lo dice claramente Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.”  Lo que no se veía es la palabra de Dios y esa es la parte de Dios.
Jesús ha sido el garante de la palabra de Dios. Por la venida de Jesús sabemos que todo lo que ocurrió antes es verdad. Los profetas dieron la palabra de Dios, que en su momento no se había cumplido. Ellos hablaron de la venida del Mesías, pero no sabían cuándo habría de venir. Moisés habló de hechos que sucedieron mucho antes de su nacimiento y esos hechos que se relatan en los textos del Pentateuco también hablan de Jesús.
Si afirmáramos, como dicen algunos teólogos, que el relato de la creación es un mito etiológico para explicar la razón de ser del pueblo judío, que lo que realmente hizo Moisés fue recopilar la tradición oral de los pueblos semitas y escribir un libro de mitos, tendríamos que afirmar que también la crucifixión de Jesús es un mito.
Si dijéramos que Adán y Eva son personajes mitológicos, significaría que el pecado original nunca existió; por lo tanto, si no existió el pecado no tendría sentido el sacrificio de Jesús en la cruz. ¿Para qué moriría el Cristo si no hubo pecado? Moisés escribió de Adán y Eva, del diluvio universal, de Abraham, de Jacob, personajes que él no conoció y que vivieron miles de años antes que él naciera. ¿Qué nos garantiza que esas historias son verdaderas?
Por su parte, los profetas hablaron de cosas que habrían de venir. Por ejemplo, profetizaron que el pueblo sería cautivo durante setenta años 11. Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años. 12. Y cuando sean cumplidos los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a aquella nación por su maldad, (…)”. (Jeremías 25:11-12)
En el segundo capítulo del libro de Daniel el profeta escribe “2. en el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años.” (Daniel 9:2)
Vemos que se cumplió la profecía del cautiverio, pero ¿se cumplió la palabra de Dios en cuanto a la liberación del pueblo?
En Esdras 1:1-3 se confirma la palabra “1. En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito por todo su reino, diciendo: 2. Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. 3. Quien haya entre vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en Judá, y edifique la casa a Jehová Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén.”
También dijeron los profetas que en algún tiempo vendrá el Mesías y moriría en la cruz para pagar por nuestros pecados y resucitaría.
Daniel reclama a Dios el cumplimiento de su palabra, cuando le recuerda que eran setenta años el cautiverio. Esa es la fe de Daniel, creer que la palabra de Dios se cumple siempre. Pero además, él habla de la venida de un salvador “25. Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. 26. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.“
El profeta Isaías escribiría sobre el Mesías diciendo:
“3. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. 4. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. 7. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. 8. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. 9. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. 10. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. 11. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. 12. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.” (Isaías 53:3-12)
La venida de Jesús es la confirmación de la palabra dada por medio de Moisés y los profetas. Sin Jesús nada tendría sentido. Recordemos la palabra misma de Jesús, citada al inicio de este texto: Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;”
Sin importar la fe que se profese, hay un hecho histórico que nadie puede negar: la crucifixión de Jesús. Se puede discutir si Jesús es Dios, si es el Mesías, si es el hijo de Dios, si resucitó, pero no se puede discutir si Jesús murió en una cruz o no, porque ese es un hecho histórico. Hecho que, valga la acotación, fue profetizado cientos de años antes del nacimiento de Jesús.
Entonces podemos decir que la palabra de Dios indefectiblemente se cumple. “Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35)  Y Jesús dijo que volvería “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.” (Mateo 24:30)  Y nos advirtió “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.” (Mateo 24:36)
Para que la fe sea fe, tiene que tener palabra de Dios. La certeza y la convicción de que la palabra de Dios se cumple y se cumplirá siempre.
En la clase de hoy vamos a estudiar Lucas 8:40-56
“40. Cuando volvió Jesús, le recibió la multitud con gozo; porque todos le esperaban. 41. Entonces vino un varón llamado Jairo, que era principal de la sinagoga, y postrándose a los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa; 42. porque tenía una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo. Y mientras iba, la multitud le oprimía. 43. Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, 44. se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre. 45. Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? 46. Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí. 47. Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada. 48. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; vé en paz. 49. Estaba hablando aún, cuando vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro. 50. Oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente, y será salva. 51. Entrando en la casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan, y al padre y a la madre de la niña. 52. Y lloraban todos y hacían lamentación por ella. Pero él dijo: No lloréis; no está muerta, sino que duerme. 53. Y se burlaban de él, sabiendo que estaba muerta. 54. Mas él, tomándola de la mano, clamó diciendo: Muchacha, levántate. 55. Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y él mandó que se le diese de comer. 56. Y sus padres estaban atónitos; pero Jesús les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido.”
En el texto que nos compete se destacan dos historias: la de Jairo y la de la mujer con flujo de sangre. Dadas las características de esta porción, que nos presenta a dos protagonistas con problemas, vamos a abordarla analizando los personajes.
Jairo era un principal de la sinagoga, un hombre de suma importancia, estudioso de las escrituras, quien se sentaba en la cátedra de Moisés. Se trata de un hombre muy religioso y era precisamente esta clase de personas quienes tenían serios problemas con Jesús. Sin embargo, leemos que Jairo se abre paso entre la multitud y se postra a los pies de Jesús y le ruega que entre en su casa.
Este es un elemento muy importante, porque para un judío piadoso el acto de postrarse es signo de adoración y la palabra dice que sólo adorarás a Dios. En Mateo 4:8-10 leemos “8. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9. y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.”
Un judío no se le arrodillará sino a Dios y Jairo no es cualquier hombre, es un principal de la sinagoga y se está arrodillando ante Jesús y no lo hace en privado, lo hace en medio de la multitud, sin importar su posición, sin importar lo que pueda decir la gente. Pero vemos que Jairo está desesperado porque su hija se está muriendo, así que no sólo se arrodilla, sino además le ruega a Jesús. Un principal de la sinagoga le está rogando al hijo del carpintero que entre a su casa.
Para un judío entrar a una casa, o dejar a alguien entrar a su casa, constituía un acto espiritual, pues la persona podía recibir la bendición de la casa o traer maldición. Cuando Jesús entró a la casa de Zaqueo hubo gran revuelo entre la gente, pues se trataba de la peor clase de persona, el jefe de los publicanos. (Lucas 19:5-7) Pero Jairo, un religioso, un principal de la sinagoga, se arrodilla y le ruega a Jesús que entre a su casa porque su hija está muriendo.
Paralelamente comienza a desarrollarse la historia de una mujer que llevaba doce años sufriendo flujo de sangre. En Levítico 15:19-29 se dice que la mujer, cuando tuviere flujo de sangre, será inmunda, y todo lo que tocase quedará inmundo. Es decir, una mujer con flujo de sangre no podía tocar nada ni podía ser tocada por nadie, y si lo hiciere cualquier cosa o persona que tocase quedaría inmunda.
Bíblicamente, cuando se dice que algo es inmundo se refiere a la incapacidad de cumplir su propósito con la vida. Otros ejemplos de personas y cosas inmundas son la secreción de semen, los cadáveres, los leprosos, incluso los animales que no cumplen su propósito para sacrificio a Dios. La mujer es inmunda cuando tiene flujo de sangre porque el óvulo no está cumpliendo el propósito de dar vida. Lo que no sirve al propósito de Dios, de la vida, no es puro, es inmundo.
La ley prohibía que un inmundo entrara al templo, por lo tanto, esta mujer que lleva doce años sufriendo, ni siquiera podía entrar en el templo a rogar a Dios, al único que podía ayudarla. Y si consideramos que la ley de los judíos establece que si tocaba a alguien lo contaminaría, esta mujer lleva doce años sin contacto humano.
La escritura dice que había gastado todo cuanto tenía en médicos y ninguno había podido sanarla. En este punto, debemos dimensionar el grado de desesperación de la mujer: sola, sin dinero, sangrando, sin poder entrar a la sinagoga… se acerca a Jesús por detrás, eso significa que tuvo que abrirse paso entre la gente para llegar a él. Si la hubiesen descubierto tocando a la gente en su condición, la hubiesen matado, pero ella a pesar de su vergüenza, sintiéndose indigna y miserable, se abre paso y se acerca a Jesús por detrás.
Ella sabe quién es Jesús y es esa fe lo que la impulsa a tomar ese riesgo, ella está reconociendo que en el borde del vestido de Jesús hay salvación. (Salmo 133:2 Es como el óleo precioso sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende hasta el borde de sus vestiduras. 3 Es como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí mandó el SEÑOR la bendición, la vida para siempre.)
Es la fe en el cumplimiento de la palabra de Dios. Ella tiene la certeza y la convicción de que en Jesús hay vida eterna, que con sólo tocar el borde de su manto –como dice la escritura: el óleo precioso que desciende hasta el borde de sus vestiduras– hallará la bendición.
Cuando ocurrió este hecho, Jesús pregunta quién lo tocó y afirma que salió poder de él. Entonces la mujer se descubre, se postra a sus pies y confiesa que ella lo ha tocado, dice porqué lo hizo y testifica cómo fue sanada.
Sabemos que ella confiesa toda su tragedia porque el evangelista la escribe, la única manera de conocer esta historia es a través de su propio testimonio. Ella, que había estado apartada de Dios durante doce años por ser inmunda, recibe la sanación y Jesús la llama ‘Hija’ y agrega “tu fe te ha sanado”.
Mientras esta historia se desarrolla, llega uno de la casa de Jairo y le dice que no moleste más al maestro porque su hija ha muerto. Pero Jesús le dice “No temas; cree solamente, y será salva.”
Jairo creyó y Jesús resucitó a la niña. La mujer creyó y fue sana.
Esta porción nos presenta dos historias que aparentemente son muy diferentes. Un hombre y una mujer, un principal de la sinagoga y una mujer que no podía entrar a la sinagoga, él se acerca de frente y ella a escondidas, pero ambos recibieron la salvación. La fe de ambos recibió la respuesta esperada, la certeza y la convicción en la palabra de Dios recibe respuesta.
El propósito del Espíritu Santo con esta porción es invitarnos a buscar a Jesús, a acercarnos a él, a abrirnos camino para llegar a Jesús, a postrarnos ante él. Sin importar cuán indignos somos, cuán desesperanzadora sea nuestra situación, en Jesús siempre encontraremos respuesta.
“26. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; 27. que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. 28. Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.” (Hebreos 7:26-28)
“11. Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, 12. y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.” (Hebreos 9:11-12)
Texto basado en la clase 7 del Seminario de Teología: Los que quieren dar la vida. Dictada en la Iglesia Cristiana Palabra Viva, por el teólogo/pastor Diego Felipe Albarracin Ramirez.
Clase completa en el enlace: https://www.youtube.com/watch?v=5x1_wIbMGvs

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