Venezolanos ilustres, venezolanos universales… ¿dónde?

¿Qué sabe el mundo de Venezuela?  Es un país productor de petróleo, tiene muchas mujeres hermosas y, por lo tanto, muchas misses y está gobernado por Hugo Chávez, para muchos un dictador, para otros un genio de la política.  Por lo demás, nadie sabe nada de Venezuela.  No se sabe qué música se baila, qué se come, qué se lee, qué se hace.  Ciertamente, las maravillas naturales de nuestro país son vanagloriadas en los libros de todo el mundo, pero eso no lo hicieron los venezolanos.

Si nos limitamos a América Latina, el mundo sabe del Ceviche Peruano, de Mario Vargas Llosa.  A nivel mundial se sabe del tango argentino, de Cortázar, Borges, Maradona, Gardel, Quino.  De Chile, aparte de Pinochet y Allende, el mundo sabe de la escritora Gabriela Mistral, de Isabel Allende, del maravilloso Neruda.  ¿Quién no conoce la poesía de Mario Benedetti?  Tal vez muchos crean que es argentino, cuando en verdad es uruguayo, pero conocen y admiran al poeta.  Si se habla de enchilada, de tacos, de picante o de rancheras, se habla de México.  Sin contar con la enorme cantidad de personalidades que ha dado ese país.  De Colombia se sabe que tiene un Premio Nobel llamado Gabriel García Márquez, de la cumbia, del vallenato, de Juan Pablo Montoya, de Valderrama, Juanes, Shakira.  Brasil es famoso por sus futbolistas, la samba, el bossa nova, las garotas, el carnaval.  República Dominicana es famosa por el merengue y sus exponentes, también por sus beisbolistas.  Puerto Rico por la salsa, Menudo, Ricky Martin…

¿Qué se sabe de Venezuela?

Aparte de Chávez, venezolanos universales hay pocos, por no decir ninguno.  Dejando de lado la influencia megalomaníaca del tipo, que se esfuerza en hacer sombra sobre todo el país y sus habitantes, en los últimos años pocos venezolanos han logrado destacarse.

Sin embargo, lo que se dice universales, parece que no lo son, porque hay que ser un fanático de la actividad que realizan para saber quiénes son.  Por ejemplo, Gustavo Dudamel, director de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Venezuela (para quienes no lo saben aún); el Maestro Abreu, creador de la Fundación de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela (para quienes no lo saben aún); Vizquel, Galarraga, beisbolistas que muchos piensan que son dominicanos.  Juan Arango, futbolista venezolano que se hizo famoso por jugar en el club español Mallorca.  José Luis Rodríguez, Oscar de León, Ricardo Montaner, Franco de Vita, cantantes que fueron famosos en algún momento de su carrera en algunos países de habla hispana.  Las reinas de belleza, para mí, no cuentan.  Es un fenómeno análogo a las bellezas naturales del país, no es talento, es suerte de nacer con el fenotipo de belleza mundialmente reconocido como tal.

Hace años las novelas venezolanas dejaron de ser tema de conversación a nivel internacional, como las mexicanas.  El mundo se aburrió de las historias de chicas pobres que se enamoraban de un joven rico y apuesto al que conquistaban con su belleza e inocencia, para luego pasar por momentos trágicos antes de llegar al final feliz. La novela colombiana y la brasilera apostaron a nuevas fórmulas, a nuevos temas, aceptaron nuevos retos y le ganaron el espacio a las novelas venezolanas y mexicanas.  Así que ahora, ni las novelas ni los actores venezolanos son reconocidos a nivel internacional.

Humberto Fernández Morán, científico venezolano, oriundo de Maracaibo, inventó la cuchilla de diamante para ultramicrotomía2 y, catorce años después, en 1967, recibe el Premio John Scott, otorgado también entre otros, a Jonas Salk por la vacuna antipoliomielítica, a Marie Curie por el descubrimiento del Radio y la determinación de sus propiedades radiactivas, a Thomas Edison por la lámpara incandescente y a Alexander Fleming por el descubrimiento de la penicilina.  Yo no lo sabía, me enteré escribiendo este libro.  Nunca me lo dijeron en la escuela, nunca vi una biografía de este venezolano ejemplar, me lo comentó una amiga.

Pero ¿qué venezolano no ha visto o ha andado, incluso vivido en una obra de Carlos Raúl Villanueva?  Este arquitecto venezolano, nacido en el Consulado de Venezuela en Londres, fue el precursor de la mejor arquitectura y urbanismo que se haya conocido en nuestro país.  Nada más y nada menos que la Ciudad Universitaria, El Silencio, La Plaza de los Museos, el Museo de Ciencias, el Museo de Bellas Artes, las Torres del 23 de Enero, son algunas de las tantas obras del Maestro Villanueva.  Por desgracia, casi todas se encuentran en franco deterioro desde hace algunos años.  A pesar de los doctorados Honoris causa recibido en las más prestigiosas universidades del mundo, Carlos Raúl Villanueva no parece ser recordado por la mayoría de sus compatriotas. La hermosa Ciudad Universitaria es una obra de arte en ruinas, maloliente, demacrada, deteriorada por los propios beneficiarios a quienes acoge diariamente.

Francisco Narváez, escultor, cuyas obras acompañan muchas de las obras de Villanueva, autor de Las Meninas que se encuentran en El Silencio de Caracas, de muchas esculturas que se encuentran en la, Universidad Central de Venezuela, en el Museo de Bellas Artes, etc., comparte el olvido del venezolano con su amigo Villanueva.

En un pequeño sondeo, pedí a varios venezolanos que mencionaran compatriotas a los que considerarían universales, venezolanos que sean reconocidos por su trabajo en el resto del mundo.  Apenas algunos cantantes y deportistas se salvaron del olvido, Carlos Cruz Diez fue el único artista plástico que sobrevive en la memoria del venezolano, nadie mencionó a Villanueva o Narváez, ni siquiera a Armando Reverón.  Caballo viejo es la canción venezolana más universal, incluso es más universal que el mismo Simón Díaz, pero desgraciadamente muchas personas no saben que el origen de esta obra musical es venezolano.  La gente prefiere decir que en el resto del mundo priva la ignorancia al desconocer que Caballo viejo es originalmente venezolana y no mexicana, como piensan algunos, pero estoy más que segura que millones de personas desconocen el origen de la mayoría de las canciones populares y, en todo caso, es trabajo de los venezolanos dar a conocer lo bueno que se hace en este país, porque la curiosidad intelectual parece ser una virtud pasada de moda en todo el mundo.

Una maestra colombiana me aseguró que el Alma Llanera, considerada nuestro segundo himno nacional, fue obra de un colombiano.  Gracias a Dios y a Google pude demostrarle su error, pero otra distinguida dama que nos hacía compañía aquella tarde, afirmó que “los venezolanos nos robaron el Alma Llanera”.  Obviemos la ignorancia de las señoras colombianas.  Lo terrible, por lo menos para mí, es que nosotros los venezolanos no hemos sido capaces ni siquiera de asociar nuestro gentilicio a una obra musical que ha sido admirada e interpretada por los mejores músicos del mundo.

Por desgracia, el único venezolano que es famoso en todo el mundo, es precisamente ése que refleja lo peor del venezolano: Hugo Chávez.  Lo que se sabe de Venezuela, en la actualidad y a nivel mundial, es que ése el presidente y que es absolutamente vergonzoso.

Cuando se está en el exterior nadie pregunta cómo es un concierto dirigido por Dudamel, o si alguna vez uno vio en vivo a Juan Arango, ni por los cantantes… no, desgraciadamente la gente pregunta ¿qué le pasa a tu presidente? ¿Por qué no lo han sacado?  No es nada agradable, pero ESO es Venezuela para el resto del mundo.

Nadie que no haya vivido en Venezuela sabe de las hallacas, del pabellón, de Serenata Guayanesa, de Simón Díaz, de la poesía de Andrés Eloy Blanco, de la extensa bibliografía sobre la dictadura creada por José Agustín Catalá.  Es que ni siquiera la historia de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez ha sido lo suficientemente bien vendida al mundo como para que sea tema de curiosidad para los intelectuales, a pesar de haber sido un periodo épico para quienes lucharon por la democracia.  El mundo no sabe nada de Venezuela, a parte del régimen que hoy padece y de las famosas cirugías plásticas que aquí se realizan.

Sin embargo, hay que mencionar que estos últimos años se ha destacado un actor venezolano, Edgar Ramírez.  La selección de fútbol venezolana tuvo una gran actuación en la Copa América 2011 y, por primera vez en muchos años, el mundo hablaba de Venezuela sin que la política mediara en la conversación.  No olvidemos que el impulso al fútbol nacional vino de la empresa privada, específicamente Empresas Polar, que creyó en lo que nadie creía y el tiempo ha demostrado que la inversión en el cambio bien vale la pena.

¿Falla de marketing?  Puede ser.  Pero tal vez sea la poca capacidad que durante décadas ha tenido el venezolano de reconocer sus verdaderas virtudes y sus reales deficiencias.

Cuando uno emigra, cuando se ve a Venezuela desde lejos, uno se da cuenta de cuántas cosas lindas tiene el país.  Playas, montañas, llanos, selva, un clima envidiable…  Venezuela lo tiene todo, y quizá sea esa la razón por la que los venezolanos no han sabido valorar lo que hay en su propio país.

Los venezolanos pasan, con una facilidad casi infantil, de un extremo, donde todo lo que hay en Venezuela es lo mejor, al otro extremo, nada de lo que se haga en Venezuela es bueno.  Es difícil darle el justo valor que representa cada elemento de  la sociedad venezolana dentro de esa misma sociedad.  Los escritores, científicos, deportistas, artistas y personalidades valiosas en sí mismas que han logrado hacerse universales, lo han logrado –casi siempre- con el apoyo del público de sus propios países.

Actualmente Venezuela es conocida por lo peor que tiene, pero, paradójicamente, ese desastre que ha puesto a Venezuela en el plano de discusión internacional, es lo que representa a la mayor parte del pueblo venezolano.  Y, a pesar del Chávez de Miraflores y del Chávez interno en los venezolanos, todavía en el país hay mucho por dar a conocer.

En mi autoexilio en Bogotá he logrado descubrir que Venezuela tiene muchas virtudes que son apreciadas en el extranjero.  Hice una pequeña selección de canciones de Serenata Guayanesa, Lilia Vera, Simón Díaz, Quinteto Contrapunto y Cecilia Todd (si no sabe de qué estoy hablando usted, como venezolano, tiene un problema serio, investigue por Dios, aunque sea por curiosidad intelectual).  Copié varios cds y los regalé a algunas personas de mi entorno, cuyas edades oscilaban entre los cuarenta y sesenta años, teniendo como resultado increíbles elogios sobre la música venezolana.  A veces encuentro por la calle a alguno de los beneficiados y me alegra escuchar la música de mi país en los reproductores de sus carros.

Algo análogo, pero para los personas más jóvenes, hice con una selección de canciones de Yordano, Sin Banderas, Franco de Vita, Frank Quintero y otros.  La respuesta fue análoga, el elogio a la música que se hace en Venezuela, a las letras, a la poesía, resultó una experiencia encantadora, sobre todo cuando uno se resigna a pensar que en Venezuela todo está perdido, que en Venezuela no se hace nada con calidad de exportación y que cualquier cosa de cualquier otra parte es mejor que lo nuestro.

Finalmente, cuando puedo, muestro un par de recuerdo que me traje de una de las cosas que más amo de Venezuela: El Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber y la Suite Vollard, que se encuentra en el museo en cuestión.  Dos catálogos en forma de trípticos que pude obtener antes de irme, contienen la Colección Permanente del Museo, donde se encuentran obras de grandes artistas como Chagall, Picasso, Gargallo. Matisse, Monet, entre otros.  Es realmente gratificante observar la reacción de ciertas personas en Bogotá cuando les muestro qué contiene nuestro Museo de Arte Contemporáneo.  A pesar del caraqueño, Caracas tiene espacios que vale la pena visitar.  Venezuela, a pesar del venezolano feo, tiene obras creadas por venezolanos bonitos que vale la pena difundir.

Nosotros, que rechazamos el significado del chavismo en Venezuela, no podemos dejarnos contagiar por el divisionismo que Chávez ha querido imponer en el país.  Yo no quiero escuchar aguinaldos de Serenata Guayanesa en diciembre y que un venezolano feo me cuestione mi elección porque ellos son chavistas.  Eso está pasando con muchos artistas en Venezuela, se han plegado al proyecto revolucionario y han experimentado el rechazo de una parte importante del público: la oposición o, mejor, algunos opositores.  La división del país es uno de los males que debemos enfrentar si queremos que nuestras riquezas culturales e intelectuales sean reconocidas en el mundo; porque en Venezuela hay mucho por conocer y quienes estamos fuera del país tenemos la oportunidad de ser embajadores de la Venezuela que queremos que el mundo conozca, no de la revolucionaria, sino de la Venezuela que ha hecho y sigue haciendo maravillas.

EL VENEZOLANO FEO. SEGUNDA EDICIÓN AMPLIADA. 2011.