PRÓLOGO

Este libro nace de un artículo mal interpretado, que originalmente fue titulado “Ser o parecer”, en el cual Yo  criticaba la cultura de apariencia en América Latina.

El artículo tiene su historia, que se remonta a la idea de escribir una novela sobre la historia de Venezuela en los últimos cincuenta y tantos años.  Con ese objetivo en mente, decidí entrevistar a varias personas de distintas nacionalidades, estratos sociales y profesiones, y nutrirme de sus vivencias en esta tierra mágica.  Poco a poco una pregunta fue tomando vida propia ¿son las sociedades latinoamericanas demasiado estresantes?  Muchos de los latinos con quienes conversé me decían que admiraban cómo familiares, amigos y conocidos radicados en Europa, sin grandes cargos en una empresa, tienen hermosas casas, salen de vacaciones una o dos veces al año a conocer otros países, los hijos estudian en buenas universidades, llevan una vida relajada que no tiene nada que ver con el estrés en que viven los profesionales de esta tierras.

Cuando les preguntaba si esas personas tenían un celular de última tecnología, un asistente electrónico, una sala totalmente equipada con aparatos de sonido, televisor, Dvd, cornetas y otros; si gastaban ciento cincuenta dólares en un par de zapatos o una camisa, si salían todos los fines de semana a tomarse un escocés con los amigos o si las mujeres invertían importantes sumas de dinero en peluquería, cosméticos y otras cosas por el estilo, la respuesta constante era No.  Esa gente invertía el dinero en cosas de verdadero valor, no lo gastaba en adminículos que lo hicieran lucir exitoso aunque no lo fuera o aunque para serlo tuviese que cargar con dos úlceras a cuestas.  Luego deduje que, efectivamente, las sociedades latinas son estresantes y que el epicentro del estrés está en la necesidad de aparentar en lugar de dedicarse a ser.

LA VENEZOLANA NO ES LA GRAN VAINA.

El artículo en cuestión comienza hablando de las mujeres, pero no es exclusivo del comportamiento de la mujer. Luego se va abriendo hacia otras áreas de la vida común del latinoamericano.  Asumiré la responsabilidad de la mala interpretación y aceptaré que expreso mal mis ideas (prefiero pensar eso antes de decir que la gente no sabe leer). Y en respuesta a todos aquellos… o más que aquellos, aquellas que criticaron la falta de seriedad científica de mis apreciaciones, aquí tampoco hay cifras que sustenten mis palabras.  De manera que antes que algunos puedan llegar a pensar que este libro tiene pretensiones académicas y que en algún punto encontrarán el toque de “seriedad estadística”, lamento decepcionarles, porque ciencia en verdad, al menos aquí, no hay nada.  Aquí hay observaciones e interpretaciones de una realidad que siempre se ha tratado de alabar, de glorificar, como si la mujer en Venezuela fuera la gran vaina, como si en el mundo entero no hubiesen mujeres tan buenas o mejores que las venezolanas, como si sólo las venezolanas fueran bellas y sólo ellas tuviesen capacidad de lucha y sólo aquí, en Venezuela, hubiesen madres que asumen solas la responsabilidad de criar a sus hijos sin ayuda del padre.

Aquí hay un atrevido intento de enfrentar ese paradigma de gran mujer con las historias de gente común y corriente, mujeres y hombres que a diario conviven con ella –y que son ellas mismas- y no las describen tan grandes, ni tan valientes, ni tan independientes, ni tan bien plantadas.  Desmitificando esa grandeza quizá podamos darnos cuenta de que la mujer en Venezuela, y en todo el mundo, aún tiene mucho por hacer, aún hay muchas conquistas pendientes y se necesita realmente ser grande para dejar de perder el tiempo en pendejadas y retomar la lucha de aquellas mujeres que sí han logrado invaluables cambios en el mundo y han abierto el camino para que las de hoy puedan disfrutar de libertades que antaño estaban reservadas para el sexo opuesto.

UN PAÍS RICO DE MUJERES GRANDIOSAS.

Otra de las críticas que algunas mujeres hicieron al artículo en cuestión fue que la difusión de ese tipo de mensajes era nocivo para el autoestima de los pueblos; que gracias a mensajes como los contenidos en mi artículo las personas subvaloraban las virtudes propias de su raza, su país o su sexo.  Pero como yo en el fondo soy una gran optimista, pienso que esa difusión de falsos valores propios, como que Venezuela es un país rico o que la mujer venezolana es grandiosa, son mentirillas piadosas  que  han hecho que los habitantes de este suelo crean que están bien y continúen viviendo en un cuento de niños, donde los buenos (que por supuesto son ellos mismos) siempre ganan y siempre terminan bien y los malos son los gobernantes, o los hombres, y que llegará el momento en que se haga justicia.

Como yo creo que en el fondo las mujeres no son tan idiotas como para dejar de apreciar sus virtudes reales y personales porque alguien critique determinados comportamientos; dado que estoy convencida que las mujeres no son minusválidas emocionales, incapaces de soportar una crítica, y puesto que aprecio la capacidad de análisis de las mujeres en Venezuela, estimo conveniente compartir con todas y todos aquellos que puedan apreciar una percepción diferente de una realidad que durante muchísimos años ha sido enaltecida: La mujer venezolana.

Continuemos revisando el comportamiento de la mujer venezolana según mis observaciones y, aceptemos algo, estas conductas no son exclusivas de la mujer en el norte del sur, quizá menos exclusivas ahora que hace veinte o treinta años.  La mujer en todo el mundo ha cambiado, algunas están pasando de un extremo a otro, lo que para unas era inapropiado y vulgar en un país y un momento determinado, está comenzando a ser cada vez más común en las nuevas generaciones, y viceversa.  El mundo está cambiando aceleradamente, la mujer está cambiando con el mundo y está cambiando al mundo con ella, pero ¿sabe a dónde va? ¿sabe a dónde está llevando al mundo?  Yo creo que no, pero como tampoco sé la respuesta a esta pregunta, sólo me queda dejar mis reflexiones en torno a la mujer con la que comparto el día a día: la venezolana, mujer de comportamientos extremos.  Mientras unas siguen diciendo “sí papi” a todo lo que diga el hombre, otras más comienzan a decir “no me jodas” a todo lo que digan ellos.

Prólogo de la primera edición de Sí papi/ No me jodas. Conductas extremas de la mujer venezolana.

Pronto a la venta.