Dic 18 2017

No sea un colombiano feo.

Querido colombiano,
 
Te voy a hablar como una ferviente opositora del modelo revolucionario, desde hace más de 25 años; y te escribo porque me preocupa Colombia, porque aquí estamos cayendo en la misma trampa que cayó Venezuela: polarización, hay unos buenos y otros malos, los socialistas son los malos, nosotros (aterrados opositores de todo lo que parezca que nos pueda llevar a un resultado como el del vecino), somos los buenos. Ese discurso vengo escuchándolo desde finales del 2001 en Venezuela y resulta que nadie advertía que estábamos arando la tierra para que la raíz de un modelo revolucionario se apoderara de nuestra sociedad. a Chávez no lo eligieron sólo los pobres, él ganó con un 80% de aceptación y muchos ricos votaron por él… también la clase media.
 
Querido colombiano, te voy a poner un ejemplo de cómo los idiotas, inútiles y negligentes capitalistas venezolanos ayudaron a Chávez a enquistarse en el poder. Los bancos manejaban tasas variables para adquisición de vivienda y autos. El resultado fue que los movimientos financieros internacionales hicieron que las tasas subieran y muchas familias perdieran sus activos porque las cuotas que debían pagar por su casa se duplicaban en un mes, o perdían el carro por movimientos análogos. Llega Chávez y obliga a los bancos a bajar las tasas y las fija al nivel que a él se le da la gana. Los banqueros lloran y tratan de demostrar que con esas tasas es imposible seguir operando, que la economía se va al traste y va a venir una crisis tenaz. Lo sé porque participé en ese estudio, por el lado de los banqueros, y pese a lo ofensivo que me resultaba comprometer mis valores para defender al capitalismo, lo hacía porque me daba asco el modelo chavista y no quería aceptar que el tipo tenía razón.
 
Al final, se materializó la fijación de tasas y los bancos siguieron operando tranquilamente. Pero el beneficio político para el gobierno fue invaluable, se demostró que los banqueros eran unos ladrones y que el gobierno era justo y bueno y pensaba en el pueblo. A largo plazo la fijación de tasas y comisiones bancarias llevó al cierre de muchos bancos y, efectivamente, el intervencionismo económico no da resultados positivos a largo plazo; pero querido colombiano, te dejo la pregunta, para que medites en este asunto ¿quién provocó esa situación? ¿quién hizo que el ciudadano común sintiera la necesidad de un Mesías?
 
¿Será que en Colombia ocurre algo similar? Te pongo un ejemplo pequeñito: SITP. El gobierno local reestructura el transporte público en la ciudad. El ciudadano está casi obligado a usar el Sistema de Transporte Público Integrado, para lo cual debe adquirir una tarjeta que le permitirá cancelar los pasajes. Esta tarjeta cuesta 3.000 pesos y no incluye ningún pasaje. Se vende la idea del orden, los beneficios de trasbordo, etc.
 
Te voy a dar una idea de lo que puede hacer una persona en Bogotá con ese dinero. Con mil pesos compra cinco bolsas de menudencias, con los otros dos mil compra paquetes de papá o zanahoria, hace una sopa y alimenta a su familia. Eso si contamos que sólo uno de la familia usa transporte público. Si son más, puedes variar el menú.
 
Ahora, dos años más tarde, cambia el uso del sistema y te obligan a comprar una tarjeta personalizada que cuesta cinco mil pesos y debes buscarla en un Portal de Transmilenio y pagar los 2.200 pesos que cuesta el pasaje. La tarjeta antigua no te sirve de nada, es decir, perdiste esos 3.000 pesos y ahora debes invertir 7.200 más para poder gozar de los beneficios del SITP. La sola tarjeta para poder pagar el pasaje (que es más caro que el de un bus normal), ya está sumando 10.200 pesos, alrededor de 1,5% del salario mínimo base. Sin contar que la diferencia entre el pasaje de un bus SITP y uno no integrado al sistema, suma 300 pesos por viaje. Si estimamos dos viajes al día, en un mes el bogotano promedio paga 18.000 pesos extra por usar el SITP (2,5% del salario mínimo).
 
Querido amigo colombiano ¿Tú crees que la gente no está harta de estos abusos? La verdad es que no dicen mucho, no hacen mucho, conviven con el abuso de poder, pero se está acumulando un rechazo absoluto por el sistema democrático. Podría apostar lo que quieras a que si un candidato promete nacionalizar a Transmilenio o ponerlo en cinta, gana las elecciones. Ni hablar de las EPS… tienes un país donde la gente se muere porque una EPS no le dio el tratamiento que necesitaba a tiempo. Ciertamente, el colombiano promedio le tiene miedo al modelo socialista revolucionario de Venezuela, pero no es menos cierto que las mismas condiciones sociales lo están seduciendo para ver esa aparente justicia social con otros ojos.
 
Seamos claros, esos salvadores de izquierda no sirven para nada. Esos Mesías acaban por arruinar a los países, capitalizando el odio que se ha gestado en la sociedad civil, robando más de lo que han robado sus predecesores y polarizando aún más al pueblo; pero hay que ser muy cuidadoso, porque si hay un Mesías es porque los pueblos están sintiendo la necesidad de ser salvados, y esa necesidad de un salvador la está construyendo el capitalista opresor que, con la excusa de la lógica económica, tiene a los ciudadanos al borde.
 
Por desgracia, nuestras sociedades no han sido capaces de articular respuestas para enfrentar los abusos de lado y lado, por eso siguen cayendo en la trampa de los discursos, sin pensar qué nos ha llevado a la situación actual. El capitalismo no es malo, lo malo es que la libertad de mercado se use como pretexto para atropellar a las personas.
 
Nosotros estamos construyendo la historia. Estamos haciendo la historia que va a contarse en unos años, en unas décadas, en unos siglos. ¿Qué historia queremos que se cuente? ¿Que Colombia, teniendo el ejemplo venezolano, cometió el mismo error que el vecino?
 
A menos que nos pongamos firmes y trabajemos para cambiar los aspectos que contribuyen a la gestación de modelos revanchistas, en algunos años estaremos analizando cómo fue que un país con un futuro tan prometedor como Colombia, terminó en un suicidio político, económico, social y moral, peor que el venezolano.
 
La Pedroza