Ene 26 2018

Niñas venezolanas.

… ANTES DE TIEMPO
 
Una de las cosas más tristes que me ha tocado ver en la Venezuela actual, y estoy segura que no es una conducta exclusiva de la venezolana, es el temprano despertar de la sexualidad en las niñas, que a diario observan patrones de vestuario, baile, conducta, e incluso conversaciones, de sus coterráneas adultas, y los copian bajo la mirada cómplice de los padres. He visto niñas de cuatro, quizá cinco años, vestidas con un pantalón a la cadera, con una franelita que deja al descubierto la típica pancita de los infantes de esa edad, montadas en unas sandalias con plataforma y con más ornamentos que un arbolito de navidad. Las madres lucen orgullosas a sus coquetas hijas, quienes deciden desde muy temprana edad la ropa que van a comprar y llevar puesta.
 
Desde muy pequeñas las niñas aprenden a bailar igual que las artistas que ven en televisión, al son de moda, imitando los movimientos sensuales que observan en los videos musicales y en las mujeres adultas de su entorno. Su imitación les vale el aplauso familiar y reconocen una manera divertida de obtener atención. En su inocencia no pueden analizar que esos contorneos de caderas pueden provocar pensamientos sexuales en algún observador y, así como lo hacen en casa, lo repiten en las fiestas del colegio, en el recreo, en el parque, sin tener la malicia necesaria para seleccionar los lugares y los momentos adecuados para sacudir la cola mientras se agachan o serpentear el cuerpo cual stripper de Las Vegas. Y así crecen y continúan haciéndolo en la adolescencia, cada vez con mayor pulcritud en los movimientos y mayores exigencias en la ropa. Las más afortunadas llegarán a la pubertad sin haber pasado un mal rato, pero no sólo en los estratos sociales de menores recursos las niñas son víctimas fáciles de los abusos de hombres que, bajo los efectos del alcohol, no distinguen por edad.
 
En algunos sectores de la clase media venezolana se está observando un fenómeno cada vez más recurrente: en sus Quince Años las chicas ya no piden una fiesta elegante o un viaje, el regalo predilecto de moda son los implantes de senos.
 
En la adolescencia se vive una interminable presión social: se deja de ser niño para no llegar a ser adulto sino hasta unos años más tarde; se sienten los cambios en el cuerpo producto del desarrollo; la llegada de la pubertad viene acompañada de nuevos olores, pelos y sensaciones. Uno podría pensar que es allí donde comienza la presión para que chicos y chicas asuman el comportamiento del grupo: los bailes, las palabras, los códigos de comunicación, la ropa, etc. Claro que en Venezuela la presión está comenzando antes, pero en esta etapa de la vida, en que biológicamente se experimentan tantos cambios, está tomando fuerza la presión por la belleza, por la delgadez, la perfección.
 
Cómplices conscientes o inconscientes, los padres (y aclaro que con padres me refiero a la madre y al padre) permiten a sus hijas libertades que hasta hace pocos años estaban reservadas para el ambiente universitario. Las faldas mínimas, los pantalones muy bajos, las franelas muy cortas, los bailes muy sensuales y un sin fin de detalles adicionales, son el proceder cada vez más común de las jovencitas venezolanas. Algunos padres afirman que su permisividad se debe a que todas estas cosas están de moda y a los jóvenes les gusta seguir la moda, otros tantos recuerdan las prohibiciones de sus padres y no quieren que sus hijos sufran lo que ellos. Los más se escudan en la frase “si no la dejo igual lo va a hacer a mis espaldas porque todas sus amigas lo hacen”. ¿Qué más decir de esto? ¿cuánto más van a exigir las niñas y adolescentes venezolanas? ¿cuánto más cederán los padres?
 
Un hombre sabio me dijo que una gran diferencia que él observaba entre la mujer española y la venezolana, es que la primera estaba muy clara en que las modelos son las modelos y las mujeres comunes son mujeres comunes, por lo tanto no sentían presión por parecerse a las bellezas que veían por televisión. Un asunto más para la reflexión.
 
SÍ PAPI/ NO ME JODAS. CONDUCTAS EXTREMAS DE LA MUJER VENEZOLANA.