Dic 01 2017

Mis primeros 45.

Así, como si algo o alguien quisiera impedirme decir todo lo que quiero expresar, me da gripe, dolor de garganta incluido. Pero no me importa, porque hoy es un día entre tú y Yo.
 
Son cuarenta y cinco, de los cuales pasé casi 43 tratando de blindarme para evitar el dolor y un día, así como de la nada, llegaste y me destrozaste todo mi esquema perfectito. Fue entonces cuando descubrí que, por mucho que lo intente, no puedo evitar el dolor, las emociones, los sentimientos y todas esas cosas que no sé cuándo decidí desechar… ¡y creía que vivía feliz!
 
Siempre me gustó la relación que teníamos, porque tú me servías a mí y Yo era mi dios y mi Señor. ¡Pero me cambiaste todo! ¡Me hiciste conocerte! Tocaste y tocaste la puerta hasta que un día abrí, y viniste a cenar conmigo. Pero no fue sino cuando dejé de hablar y comencé a escucharte que pasó algo extraño dentro de mí. ¿Sería esa noche cuando finalmente empecé a amarte? Lo curioso es que me di cuenta que era posible amarte más que mí misma y, sin embargo, no dejar de amarme.
 
Es que amarte era amarme a mí. Amarte fue la mayor demostración de amor a mí misma. Descubrí que no era tan fuerte como Yo creía, pero en mi debilidad tú te glorías y en tus fuerzas puedo hacer más de lo que alguna vez hubiera podido imaginar.
 
¿Recuerdas cuando Yo decía que tú me hiciste así, tan cabrona y arrogante? Cuando comencé a conocerte descubrí que Yo me había hecho a mi propia imagen y conforme a la semejanza que había ideado. Pero decidí dejarme lavar por ti, permitir que esa agua pura corriera por todo mi ser y derribara ídolos y falsos dioses.
 
Y así pasó. El semidiós pagano cayó postrado delante del Dios verdadero y supe al fin lo que significa que tú seas mi padre, aunque a veces sigo diciéndote papi, porque me gusta, porque me hace sentirte como mi refugio, mi lugar de reposo.
 
Nunca dejará de sorprenderme que tú me hayas llamado para tu Reino. Yo no lo hubiera hecho, no me hubiera elegido a mí para semejante tarea ¿y además con gente? ¡menos! Pero tú eres Dios y tus pensamientos son más altos que mis pensamientos y tus caminos más altos que mis caminos, así que hoy, estrenando mis primeros cuarenta y cinco años, sólo te puedo decir ¡Gracias papi! ¡Gracias por recibir este amor y esta fe de cuatro panes y dos peces! ¡Gracias por recibir mi corazón de dos moneditas cochinas y sin valor! Gracias pa, porque tú eres mi escudo ¡y mi galardón será sobremanera grande!
 
La Pedroza.