Actualmente los venezolanos están siendo rechazados en muchos países de América Latina y eso nos duele, nos ofende, nos hiere tanto que se nos olvida que nosotros hicimos lo análogo a la migración latinoamericana que llegó a Venezuela en la década de los 80. ¡Oh, sí! No se ofenda, sea honesto. El venezolano promedio se indigna cuando expulsan a nuestros compatriotas de algún país latinoamericano y los lugareños aplauden y entonan las notas de su himno nacional; pero no nos gusta acordarnos que en los ochenta sacaban a los colombianos, peruanos y ecuatorianos de las principales ciudades de Venezuela y los subían a autobuses para llevarlos a sus países ¡y el venezolano aplaudía!
 
Mi mamá, socióloga, profesora universitaria, madre de tres hijos venezolanos, nació en Colombia y migró a Venezuela con 15 meses de nacida, tuvo que ocultar su nacionalidad por años para no sufrir el rechazo de sus colegas. Muchos migrantes latinoamericanos vivieron similar rechazo, pero a nosotros nos gusta decir que fuimos lindos con los extranjeros que vivieron en nuestra tierra. Y sí, lo fuimos, pero con los que traían dinero. Nos gustaba el italiano, el español, el portugués, el alemán, pero el colombiano no tanto, el ecuatoriano o el peruano, con esos acentos chistosos… hmmmm, nop.
 
Iguales a quienes hoy nos desprecian, nosotros le abrimos los brazos al extranjero con dinero, pero la xenofobia está reservada al extranjero pobre. Hoy estamos viviendo la cosecha de esa siembra de soberbia y arrogancia que dejamos por América Latina. Nosotros no sabíamos que nos despreciaban mientras nuestra moneda estuvo fuerte y podíamos viajar para gastar en los países vecinos a quienes no les iba tan bien. Pero apenas se volteó la tortilla, nos mostraron su desprecio. ¿Merecido? Tal vez. ¿Inhumano? ¡Sin duda!
 
Hoy Venezuela está sufriendo una crisis sin precedente en su historia y los países “hermanos” le están pasando factura al venezolano por lo que alguna vez le hicieron a sus coterráneos.
 
Si usted es de esos latinoamericanos que sienten que se está haciendo merecida justicia cerrándole al venezolano las puertas de su país, le recuerdo que mañana puede ser usted quien esté en la frontera, tratando de huir para sobrevivir de la crisis o podría estar deambulando por las calles tratando de conseguir algo de comida y un techo para dormir. Mañana puede ser Colombia, Perú, Ecuador, Panamá, Brasil, Argentina… en fin, cualquiera. Mejor no acumule odio para el día de la desgracia, no cometa el mismo error que cometimos nosotros, aprenda de las desgracias ajenas. Le aseguro que la solidaridad es mejor estrategia que la indiferencia o el rechazo. Créame, vengo del futuro.
 
La Pedroza.