El 29 de abril de 2003, Benigno Nieto publicó un artículo intitulado “Cómo un bellaco llega al poder”.  En el texto Nieto, periodista cubano-venezolano del Miami Herald, recuerda los actos previos a la toma de posesión del Presidente Carlos Andrés Pérez, a la cual estuvo invitado el dictador Fidel Castro, toda una vedette para los medios de comunicación venezolanos.  Lo valioso de la anécdota merece una cita textual, justo ahora que los venezolanos nos indignamos cuando Chávez es recibido como una celebridad en el exterior, por intelectuales, estudiantes, artistas.

“En 1989, con la llegada de Fidel Castro a Caracas, yo fui testigo de una histeria por otro “héroe”, en la realidad virtual televisada. El presidente Pérez invitó a Castro a su toma de posesión. Los exiliados hicimos una campaña masiva contra aquella visita injuriosa. Publicamos los insultos y agresiones de Castro a la democracia venezolana: fotos de soldados ensangrentados, terrorismo, desembarcos de guerrilleros, armas. Fontanillas diseñó una campaña tan convincente y dramática que Castro admitiría, más tarde, que estuvo a punto de suspender su viaje.

Pero entonces surgió la campaña a favor del dictador. Los periódicos publicaron una bienvenida a Castro, firmada por ¡ochocientos intelectuales, académicos y artistas! Un documento laudatorio que glorificaba al comandante en jefe: héroe de la dignidad, la justicia y la liberación de los pueblos oprimidos, en la lucha contra el imperialismo. Ocupaba dos páginas, en todos los periódicos. Castro volvía a Caracas después de treinta años; nadie sabía el día, ni la hora. Las televisoras montaron un operativo de vigilancia en el aeropuerto.

Cuando ya no lo esperaban, Castro arribó a las cuatro de la madrugada. A esa hora, un adormecido equipo de televisión (los otros se habían marchado) corrió hacia Castro. Al amanecer, los medios enloquecieron detrás del comandante guerrillero. Pocos se ocuparon del resto de los presidentes invitados. Castro se pavoneó largas horas en la televisión. (La voz solemne, a veces burlona; los gestos exactos y adecuados.) Un baboso entrevistador celebraba las ocurrencias del comandante.

En la universidad, miles de intelectuales y académicos lo recibieron en un emotivo homenaje. Castro tuvo un éxito monstruoso. Yo sentía asco y frustración. ¿No se percataban esos insensatos que estaban glorificando a un dictador y un régimen totalitario? ¿Qué ponían en peligro la democracia venezolana y su propia libertad?”

(…)¿El resultado? Hoy Venezuela se hunde en el autoritarismo. Los escritores temen perder su libertad. Hugo Chávez es hechura de Castro. Los círculos bolivarianos han sido entrenados por cubanos. Miles de venezolanos estudian y se adoctrinan en la isla. Castro ha enviado un ejército de “asesores” para apuntalar a su pupilo, y su petróleo regalado. ¿Son culpables los venezolanos? Sí. Entre otras culpas, están pagando esa complacencia emblemática que Rojas describe. Una complacencia irresponsable, por cuanto Castro no es “un opositor pintoresco”, sino un tirano corrompido por 44 años de poder absoluto.”

Otra demostración de la mala memoria de los venezolanos es el curioso caso de Patricia Poleo, paladina de la oposición dura al régimen chavista, víctima de la persecución de un aventurero golpista de quien en el pasado fuera una de esas fans enamoradas.  En una carta que circula con cierta frecuencia, ella decía “Querido Comandante: No sé a veces cómo llamarte o si puedo tutearte. Es más fácil decirte que estoy hablándole a la libertad, al respiro, y la ilusión que tuvimos hace dos años, cuando tú apareciste en la vida del venezolano. Los que pujábamos en aquel entonces porque saliera aquel siniestro personaje del poder, sólo podíamos escribirlo, y, nada más (…) Verte en libertad es lo menos que podemos desear quienes a ti te debemos estar donde estamos. Con un gobierno que se promete decente, con aun corazón negado a más canalladas y con un deseo de ayudar a vivir en otra Venezuela”

La gente olvida que los medios de comunicación en Venezuela han hecho y deshecho a los políticos.  Se olvidan el papel de los medios en los sucesos de febrero de 1989, de la participación de los medios en la creación del frankenstein que terminó resultando ser presidente. Los medios de comunicación han sido víctimas de la revolución durante buena parte de la misma revolución, pero algunos de ellos fueron cómplices del dictador y el pueblo lo olvida.  Muchos periodistas lo apoyaron, lo alabaron, lo idealizaron y se lo sirvieron al pueblo para que lo amaran.  Ahora, algunos de estos comunicadores sociales sufren de persecución y maltrato, el monstruo se volvió contra ellos.

No quiero decir, con estos comentarios, que los medios y los periodistas merezcan ser abandonados a su suerte, pero sí es necesario tener esto en la memoria para exigirles responsabilidad cuando se produzcan los cambios que, inevitablemente, se producirán algún día.

La ex Primera Dama de la República, Marisabel Rodríguez de Chávez, confesaba haberlo seducido cuando ella era locutora y lo invitó a su programa radial, en Barquisimeto, Estado Lara. Se casaron, llegaron como dos tórtolos al Palacio de Miraflores, fue electa asambleísta para la Constituyente en 1999 y, luego de rumores de violencia doméstica en La Casona, de los rumores que existían sobre las subidas y bajadas de peso de la rubia del comandante, después de que el mismo presidente le dijera en medio de una alocución presidencial que le iba a dar lo suyo, se separaron en el 2002.

Su performance, digno de un Oscar a la mejor actriz, se produjo después de que el 11 de abril de 2002 su marido ordenara un genocidio y, tras verse vencido, renunciara a la presidencia.  El 12 Marisabel llamó a CNN y en medio de lágrimas y drama, pidió a la comunidad internacional intervenir por la vida de su esposo, quien volvió al poder el 13 de ese mismo mes.  Pero la cosa sigue poniéndose buena, porque durante el paro petrolero la ya entonces ex Primera Dama le pidió al mandatario “escuchar al pueblo”, aparentemente un pueblo totalmente diferente –a los ojos de la rubia tonta- al que fue masacrado el 11 de abril mientras marchaba pacíficamente a Miraflores pidiendo la renuncia de Chávez.  Créanme, hay quienes sienten compasión por la ex señora del presidente y se sienten agradecidos cuando abre la boca en contra de éste.

El venezolano le cree a todo el que se le voltea a Chávez, sin importarle cuánto fue su aporte para crear al frankenstein de Miraflores.  Luis Miquilena, por ejemplo, fue uno de los padres de la criatura, lo apoyó y le enseñó cuanta treta política conocía el viejo zorro.  Pero cuando lo creyó caído, habló en su contra, después de los sucesos del 11 de abril, cuando aún Caracas olía a sangre y plomo.  Le salió el tiro por la culata, porque el monstruo volvió.

Francisco Arias Cárdenas, otro militar golpista, vio la oportunidad de hacerse de un piso político volviéndose en contra de su querido amigo de armas, en el año 2000, y apareció en todos los medios de comunicación existentes adversando el proceso revolucionario, pidiéndole a Chávez rectificación e incluso la renuncia, llamándolo asesino, para luego lanzar su candidatura presidencial.  Lo seguimos, lo admito con vergüenza porque, con todas las dudas y todo el asco que me producen los golpistas, voté por él.  Ya había sido gobernador del Estado Zulia, su gestión no fue mala, pero ¡por Dios! Cuando ganó lo hizo con el apoyo del Movimiento V República y COPEI.  Estamos ante la alianza de lo más parecido a un partido de derecha en Venezuela con un partido izquierdista plagado de ex golpistas.  Los opositores, bobos como hemos sido a lo largo de estos años, votamos por Arias Cárdenas quien, en el año 2005 volvió a rectificar y regresó a los brazos de Chávez y es Embajador de Venezuela ante las Naciones Unidas.

¡Pero aún hay más! Rosendo y Baduel, militares que le fueron incondicionales al teniente coronel, “rectificaron” en el 2002 y 2007, respectivamente.  Lo más sorprendente fue la reacción de los venezolanos ante el cambio de postura de Baduel.  La gente recibió emocionada las declaraciones del General en contra del Jefe de Estado.  Muy orondo, en noviembre de 2007, Raúl Isaías Baduel, ex Ministro de la Defensa, dijo lo que todos los venezolanos sabíamos: con la aprobación de la propuesta de reforma constitucional se estaría consumando un golpe de Estado.  Pero ese mismo personaje, en el 2002, comandó la operación “Restitución de la dignidad nacional”, cuyo objetivo era llevar de vuelta a Chávez a Miraflores.  Una entrevista al analista militar Mario Iván Carratú – vice almirante retirado- concedida a BBC Mundo del 6 de noviembre de 2007, expresa no tener dudas de que “durante la gestión de Baduel como ministro de Defensa las fuerzas armadas se politizaron y recuerda que en ese mismo período 800 oficiales activos fueron despedidos y se hizo famosa la frase de “patria, socialismo o muerte”.  Ciertamente, con Baduel en el Ministerio de la Defensa, los venezolanos vimos a nuestra Fuerza Armada gritar la indignante frase.

Pero si en esa fecha se hubiesen realizado elecciones para candidatos a la presidencia por parte de la oposición, de seguro Baduel habría conseguido la aprobación popular.  La gente sigue olvidando quién es quién y quién hizo qué.  El desespero ha mermado la ya poca capacidad de recordar del venezolano y permite que se crea en cualquier mamarracho disfrazado de Mesías.

Muchos de quienes apoyaron incondicionalmente a Chávez hoy son perseguidos por el dictador.  Y, si bien es cierto que ahora están sufriendo en carne propia lo que venezolanos inocentes han padecido en las cárceles políticas en Venezuela, no menos cierto es que no debemos permitir que sea la justicia revolucionaria quien juzgue por traición a quienes le han dado la espalda al proyecto.  Será necesario brindarles el apoyo que se le debe a cualquier venezolano, para que en un mañana de democracia y libertad sean juzgados por un Poder Judicial imparcial, limpio y libre de tintes políticos.  No debemos olvidar que personas como Baduel tendrán que rendirle cuentas al país cuando la democracia sea restaurada.

EL VENEZOLANO FEO. SEGUNDA EDICIÓN AMPLIADA. 2011.