Lo que no iba a pasar y pasó.

Cuando la tensión política comenzó a crecer en Venezuela y la estrategia  del ejecutivo nacional fue profundizar la revolución, se inició el proceso de proyección del camino que estábamos iniciando como país.  Analistas serios nos advirtieron lo que podía pasar, pero el venezolano común respondió con desdén “no vale, eso no va a pasar aquí”.

Expropiaciones.

Una de las características de los procesos revolucionarios socialistas es la eliminación de la propiedad privada.  En Venezuela la propiedad privada está garantizada por la Constitución Nacional, pero también en Venezuela la Constitución es, por la referencia misma del ejecutivo nacional, una bicha y como tal es tratada.  Los derechos constitucionales son de libre elección por parte del presidente, quien se adjudica la potestad de revocarlos según las necesidades del momento revolucionario.

Hace mucho tiempo se viene advirtiendo acerca de los peligros inminentes en el camino, pero el venezolano feo hizo caso omiso a las advertencias de los analistas y pensó que era imposible que en Venezuela se viviera un proceso análogo al experimentado en Cuba.  Ya mencioné en un capítulo previo la forma de lista de racionamiento que el chavismo ha empleado en Venezuela.  Y con la astucia que caracteriza a Chávez, el mar de la felicidad ha ido inundando al país sin que la mayoría se percate de las señales apocalípticas del plan socialista.

Nos advirtieron sobre las expropiaciones, pero la gente no quiso creer.  Chávez amenazó con impulsar un proceso económico en el cual los trabajadores se apropiarían de las empresas, como una forma práctica de materializar la dictadura del proletariado.  Como suele suceder con  las palabras del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, del dicho al hecho transcurre un periodo de tiempo importante para que la  gente se relaje y piense que todo eran palabrerías y no más.  Sin embargo, en un artículo publicado en El Nuevo Herald, el 23 de junio de 2011, se afirma que, según el Observatorio del Derecho a la Propiedad: “Venezuela ha registrado 2,179 casos de confiscaciones de activos e invasiones de propiedades –ejecutadas directamente por el ejecutivo o propiciadas indirectamente por la retórica revolucionaria del presidente Hugo Chávez– desde que el gobierno comenzó a asumir su condición de socialista en el 2005”.

En un principio fueron las invasiones a tierras de propiedad privada, haciendas, fincas, etc.  Se permitió que familias enteras, e invasores de profesión que ya sabían cómo sacar provecho a la situación, se apoderaran de espacios privados con la bendición gubernamental.  Nacionalizaron a las malas la Siderúrgica del Orinoco, la Compañía Anónima Nacional de Teléfonos de Venezuela (CANTV). la Electricidad de Caracas, el Banco de Venezuela del Grupo Santander, entre otras.  Pero el venezolano común no tiene tierras cuya invasión puedan temer, ni son accionistas de grandes empresas, de manera que las expropiaciones, pese a la sorpresa y al sabor amargo que pudiera quedar con el conocimiento de la noticia, no movilizó a las masas, no era un problema de todos los venezolanos.

El proceso de apoderamiento de la empresa privada por parte del Estado ha sido defendido con argumentos como la protección de la estabilidad laboral, la seguridad alimentaria, el desarrollo endógeno o, en palabras de Simón Escalona, militante del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y ex vicepresidente de la comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional: “Se busca una economía sana, transparente, no especulativa y con precios justos”.

Poco a poco continuaron las expropiaciones y los ricos dejaron de ser las únicas víctimas del proceso.  La triste realidad es que las empresas de las cuales se ha apoderado el gobierno no son productivas, reportan pérdidas, no cumplen las metas de producción que tenían cuando estaban en manos privadas y ni siquiera logran ingresos suficientes para cumplir con los compromisos salariales.  Los trabajadores, es decir, los pobres a los que supuestamente beneficiaría el Plan Socialista de la Nación, están sintiendo en carne propia la ineficiencia del modelo revolucionario.

Pero no sólo son las empresas, también el gobierno ha aprovechado las catástrofes naturales para expropiar terrenos de propiedad privada, argumentando la creación de viviendas de tipo social.  De esa manera el chavismo mantiene vigente la ilusión de regalarle una vivienda digna a los pobres.  A modo ilustrativo, en la página de internet de I21, se reporta que el 16 de agosto de 2011, en Gaceta Oficial 8.398, se decreta la expropiación de un terreno en Boleíta, de 29.936,03 metros cuadrados que serán destinados a la ejecución de la obra “Nueva Comunidad Maca Socialista”, con la participación activa del pueblo organizado.

El texto oficial se refiere al procedimiento como “Expropiación de Emergencia”, cuyo propósito será garantizar el derecho a una vivienda digna.  Asimismo, se insta a los entes públicos responsables velar por el respeto de los derechos laborales y de seguridad social de los trabajadores que pudieran verse afectados, pero… ¿quién le garantiza los derechos al propietario del terreno?

Quise tomar este caso como ejemplo, entre tantos que se encuentran en vigencia, no porque la noticia tenga algo particular qué resaltar, lamentablemente éste no es sino uno de los tantos atropellos del gobierno contra la propiedad privada; lo precioso del asunto viene dado por dos comentarios posteados por lectores, uno de los cuales refleja la forma de pensar de ese clásico venezolano feo y el segundo…  creo que es lo que cualquiera de nosotros quisiera responderle a esta clase de personas.  Dada la poesía de los comentarios, los cito textualmente:

Enviado por Dervy Requena (no verificado) el Mié, 08/17/2011 – 23:38.

Me perece muy bueno que el gobierno tome medidas para el bienestar de las personas que no cuentan con una vivienda digna, en lo cual me incluyo ya que no poseo una casa y sufro las consecuencias de ello gravemente. Pero vale acotar que por esta decisión me veré gravemente afectado ya que en ese sitio se encuentra mi lugar de trabajo y mi único sustento con el cual mantengo a mi hijo y esposa. Le agradecería al gobierno que tome medidas en este asunto ya que como yo me veré afectado otras personas que allí laboran también! Además de eso me gustaría que me ayudaran de alguna u otra forma a formar parte de ese desarrollo urbanístico y así aspirar a tener un hogar digno en el cual mi familia y yo podamos vivir con una buena calidad de vida. Muchas gracias y espero este mensaje llegue a alguien que pueda ayudarme.

Enviado por Anonimo (no verificado) el Jue, 08/18/2011 – 20:54.

Que facil es decir que no se tiene casa y elegir la zona, que te construyan la vivienda y que te la regalen, ¿que esfuerzo haces para tener una casa?, ninguna, luego se pregunta por que el pais cada dia esta mas empobrecido, si la gente ahora pretenden que le den todo, sin ni siquiere pagar aunque sea una cuota minima para obtener vivienda, invasores y mafia de oficio es lo que son

 

He de admitir, no sin cierto grado de vergüenza, que las palabras que vinieron a mi mente la primera vez que leí el comentario del Sr. Dervy Requena no fueron tan decentes como las empleadas por el forista que le respondió.  Pero ahí no para el asunto, porque cuando se leen las reseñas de los medios virtuales sobre la expropiación de terrenos para “construir viviendas dignas para los pobres”, lo más nteresante son los comentarios de los foristas.  Están aquellos que creen que por fin van a tener una vivienda digna gracias a Chávez; están quienes sienten la actitud facilista de aquellos como una afrenta personal y llenan los foros de improperios y, la parte genial, están las personas de pocos recursos que también se ven afectadas por el plan socialista, porque (y esto es idílico) en ocasiones han resultado en Gaceta Oficial terrenos en los cuales están ubicadas las casas de gente humilde que se pregunta desesperada ¿y ahora qué? ¿quién me puede ayudar?

Es así, como el chiste de aquel ruso stalinista que se presenta ante el buró del partido buscando empleo y la entrevista parece ir bien cuando le preguntan:

  • Camarada, si usted tiene dos lotes de tierra ¿qué hace con ellos?
  • ¡Hago una casa para mí y el resto a la revolución! –responde enérgicamente el señor.
  • Y si tiene dos tractores ¿qué hace con ellos?
  • ¡Trabajo con uno y el otro para la revolución!
  • ¡Y si tiene dos gallinas!

Ante el largo silencio dubitativo del aspirante a burócrata, la junta del partido se exaspera y le recriminan “A respondido bien a todo ¿cuál es el problema camarada?”

  • Camaradas…. Es que las dos gallinas sí las tengo.

 

El pueblo, esa masa amorfa que los políticos -y con más crueldad los revolucionarios- manejan con tanta facilidad, han creído todos estos años que el plan socialista no los iba a perjudicar.  Creyeron que sólo los ricos se verían afectados y ellos, los pobres, se beneficiarían de una repartición que les vendieron como justa, esa reivindicación que les vienen prometiendo desde la toma de posesión del presidente en 1998.  Pero ahora, lentamente y sin que se levante mucho polvo, también están barriendo la casa del humilde.  Ahora que algunos se están viendo afectados con la aceleración del proceso,  quizá se abran las oportunidades para que alguien le explique al pueblo en qué consiste el socialismo del siglo XXI.  No se puede dejar de mencionar que esas viviendas a la que aspiran los pobres no serán entregadas con títulos de propiedad, solamente se le dará al beneficiario el disfrute al uso de la propiedad, pero no será propietario, no podrá vender, arrendar, hipotecar.  El dueño es el Estado, no la persona.

EL VENEZOLANO FEO. SEGUNDA EDICIÓN AMPLIADA. 2011.