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Nov
28
2015

Introducción al seminario de teología Los que quieren dar la vida.

Introducción al Seminario de Teología: Los que quieren dar la vida.
Clase 1.

Este es un seminario de teología, pero no de una teología academicista. La palabra teología viene del griego Theos (Dios) y Logos (Palabra). Es frecuente que se traduzca esta palabra como “Discurso acerca de Dios”; sin embargo, aquí vamos a aprender a conocer el Discurso de Dios, pues Dios habló.

En Juan 1:18 se lee “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”.

¿Quién puede hablar de Dios sino aquel que ha visto a Dios? ¿Quién puede dar a conocer a Dios sino aquel que está en el seno del Padre?

Mas no se trata de un conocimiento griego, sino del conocimiento en el sentido hebreo, que significa comunión íntima. Para conocer íntimamente a Dios sólo se necesita la Biblia, pues es allí donde se encuentra contenida la palabra de Dios. Y es precisamente esa la intención de la verdadera teología, dar a conocer al Padre. Dicho en las palabras de Jesús “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”

En Lucas 24: 44-45 leemos “Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras”.

Todas las escrituras hablan de Jesús, el hijo de Dios, y nadie más que él puede hablar del Padre, pues sólo él conoce al Padre y es el único que lo puede dar a conocer. He ahí la exégesis y la hermenéutica de la Palabra, es decir, el propósito de la escritura y su interpretación, a partir de la explicación de aquel que ha salido del seno del Padre.

El método para estudiar el evangelio y predicar la palabra será mediante preguntas, tal como lo hizo Jesús. En el mismo sentido, usando la forma de predicación empleada por Jesús, toda respuesta debe venir de la palabra misma, en un lenguaje sencillo y fácil de entender para quien escuche.

 

Texto en estudio: 2 Corintios 4: 3-6 (NTV)

“Si la Buena Noticia que predicamos está escondida detrás de un velo, sólo está oculta de la gente que se pierde. 4. Satanás, quien es el dios de este mundo, ha cegado la mente de los que no creen. Son incapaces de ver la gloriosa luz de la Buena Noticia. No entienden este mensaje acerca de la gloria de Cristo, quien es la imagen exacta de Dios. 5. Como ven, no andamos predicando acerca de nosotros mismos. Predicamos que Jesucristo es Señor, y nosotros somos siervos de ustedes por causa de Jesús. 6. Pues Dios, quien dijo: «Que haya luz en la oscuridad», hizo que esta luz brille en nuestro corazón para que podamos conocer la gloria de Dios que se ve en el rostro de Jesucristo.”

Lo primero que debemos preguntarnos es ¿Qué es lo que está encubierto? ¿Qué es lo que el enemigo trata de esconder?

Debemos entender que lo que el enemigo quiere esconder es el evangelio.

Seguidamente surge la pregunta ¿Por qué el enemigo quiere esconder el evangelio?

En el versículo 3 dice “Si la Buena Noticia que predicamos está escondida detrás de un velo, sólo está oculta de la gente que se pierde.” De allí se deriva que quien no recibe el evangelio se pierde. Entonces, quien recibe el evangelio, por contraposición, se salva.

El problema con el mensaje del evangelio es que ha estado siendo transmitido con un lenguaje poco entendible para las personas que lo desconocen y necesitan entenderlo. A modo ilustrativo, decir “el enemigo quiere encubrirle el evangelio para que usted se pierda” resulta absolutamente inútil para el común denominador de las personas.

En primer lugar, es absolutamente necesario partir de un principio básico fundamental: Toda pregunta que surja a partir del estudio del texto bíblico, debe responderse con la propia palabra contenida en la Biblia. Nuevamente, no vamos a estudiar un discurso acerca de Dios, sino el discurso de Dios.

Adicionalmente, nunca dé nada por sentado, nada es obvio. Por lo tanto, para transmitir un mensaje que está hablando del enemigo, del evangelio y de la salvación, habría que explicarle a la persona que existe un enemigo, porque muchas personas desconocen la existencia de un enemigo cuyo nombre es Satanás.

En Juan 10:10, Jesús nos advierte lo que viene a hacer el enemigo “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”

Pero, surge la pregunta ¿qué es lo que el enemigo viene a hurtar, matar y destruir? ¿Son las relaciones familiares? ¿El trabajo? ¿La salud? ¿La prosperidad? ¿Qué viene a atacar el enemigo?

En la carta a los Efesios, capítulo 6:12, Pablo afirma “Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales.”

De allí se deriva que el objetivo no son las cosas de este mundo, que al enemigo no le interesa su salud, ni sus bienes, ni sus riquezas, lo que quiere destruir es su espíritu.

En 1 Pedro, capítulo 2:9 se lee “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”.

¿Para qué hemos sido constituidos todo eso que Pedro dice? ¡Para que anunciemos las virtudes de aquel que nos llamó, para que saquemos a otros de las tinieblas!

Evangelio es una palabra muy usada y poco entendida. En Mateo 9:35 se lee “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.” En Marcos 1:14 “(…)Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios”. En Mateo 11:5 Jesús manda un mensaje a Juan el bautista a través de los discípulos de éste “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio”.

Evangelio significa Buenas Nuevas, buenas noticias. Jesús vino y predicó ese evangelio e iba por las ciudades y aldeas hablando de esas buenas noticias. Sin embargo, debemos preguntarnos ¿Cuáles son esas buenas noticias?

En el libro de Los Hechos de los Apóstoles Capítulo 3:, Pedro habla al pueblo de Israel y les dice “18. Pero de este modo Dios cumplió lo que de antemano había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías tenía que padecer. 19. Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, 20. a fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor, enviándoles el Mesías que ya había sido preparado para ustedes, el cual es Jesús.”

Entonces, entendemos que esta buena noticia ya había sido anunciada por medio de todos los profetas y esta noticia es que los pecados serán borrados por medio del padecimiento del Mesías, que es Jesús.

De modo análogo, Pablo, en la carta a los Romanos (capítulo 3: 21-24) dice “Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas. 22. Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, 23. pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, 24. pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó”.

Esta justicia, recibida en gracia, llega mediante la fe en Jesucristo, a los que creen. Podemos afirmar que la buena noticia es para los que se arrepienten y creen.

Hay un problema al que nos enfrentamos cuando hablamos del evangelio: El arrepentimiento, pues usualmente se asume de manera religiosa y no de forma bíblica. Para los religiosos arrepentirse significa dejar de hacer lo malo, se habla de un cambio de dirección, pero es un cambio enmarcado en las acciones de los hombres, no en la vida de fe.

Para ejemplificar este punto, observemos el proceder de los fariseos. Ellos cumplían a cabalidad la Ley dada por Moisés, amaban a Dios, santificaban las fiestas, no robaban, no mataban, diezmaban, oraban, etc. Sin embargo, Juan el Bautista los llamó raza de víboras y les dijo “haced frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:7-8). Si pensamos en el arrepentimiento religioso, ellos no tenían nada de qué arrepentirse. Y sin tener nada de qué arrepentirse, Jesús les dice “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.” (Mateo 23.27)

En este seminario, y a través del estudio de la palabra, pretendemos desmontar los mitos que se han creado en torno al evangelio.

En primer lugar, afirmar que lo importante es creer en Dios y que todas las religiones conducen a Dios, o que Dios es el mismo pero con diferente nombre, es un error muy común.

En la carta a los Romanos (capítulo 10: 1-3) Pablo confiesa “Hermanos, mi mayor deseo y mi oración es que Dios salve a todos los judíos. 2. Puedo decir esto en su favor: hacen un gran esfuerzo para honrar a Dios, pero no entienden lo más importante. 3. No han entendido cómo es que Dios nos aprueba. Por eso trataron de ser aprobados a su manera y no aceptaron la manera como Dios nos aprueba.”

Es preciso destacar que los judíos tienen una religión, y no es cualquier religión, es la religión dada por Dios a los hombres por medio de Moisés. Pero ni siquiera esa religión salva, pues el mismo Pablo habría dicho que el perdón de los pecados viene por gracia (Romanos 3:24) Todo el Antiguo Testamento demuestra que ningún hombre será justificado por la ley, porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado (Romanos 3:20)

Tampoco es acertado decir que lo importante es la intención de su corazón, que mientras usted quiera amar a Dios y honrarlo, él conoce su corazón y le concede salvación.

Siendo los judíos el pueblo escogido por Dios y, como afirma Pablo, “(…) hacen un gran esfuerzo para honrar a Dios, pero no entienden lo más importante. 3. No han entendido cómo es que Dios nos aprueba. Por eso trataron de ser aprobados a su manera y no aceptaron la manera como Dios nos aprueba.”

Quien no entienda cómo Dios aprueba, por muy buena que sea su intención, no tiene salvación. Siguiendo la exposición de Pablo, no podemos pretender ser aprobados a nuestra manera y rechazar la manera de Dios, “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:24). No es por obras, sino por gracia, que podemos aspirar a la vida en el espíritu.

La gloria de Dios es la luz, es la vida, pues en Juan 1:4 se lee “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. Ergo, al estar destituidos de la gloria de Dios el espíritu está muerto, es decir, no está cumpliendo su función de conectar al hombre con Dios. En Romanos 5:12 se lee “El pecado llegó al mundo por lo que hizo un hombre (Adán). Con el pecado llegó también la muerte. Todos tendrán que morir porque todos han pecado.”

La muerte a la cual se refiere el apóstol Pablo es la muerte espiritual, la desconexión de nuestro espíritu a la fuente de vida, que es Dios. Lo que ha matado espiritualmente al hombre es el pecado.

Esta es la condición del hombre, está quebrantado de corazón, está cautivo en el pecado, ciego, oprimido; pero la buena noticia es que Jesús cambia esta condición “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos. (Lucas 4:18)” y esto está escrito en las profecías de Isaías (Isaías 61:1)

Resumiendo, arrepentimiento implica abandonar todo esfuerzo de acercarse a Dios por sus propios medios, por sus obras, y comenzar a acercarse a Dios por medio de su hijo, Jesucristo. Efectivamente, es un cambio de camino, es salir del camino del hombre y transitar “el camino, la verdad y la vida” que es Jesús mismo. (Juan 14:6)

Decirle a la gente que deje de pecar y se acerque a Dios no es predicar el evangelio. Predicar el evangelio es decirle a la gente que aun siendo pecador, si se acerca a Jesús podrá llamar a Dios Padre y en el marco de esta nueva relación comenzará a producirse una transformación en todo su ser, que puede ser inmediata o puede durar hasta el resto de sus vidas, pero esa transformación ya no será con las fuerzas del hombre, sino con el poder del espíritu de Dios. Como casos emblemáticos podemos citar a Zaqueo y a Leví, quienes siendo malos se acercaron a Jesús y sus vidas fueron transformadas, pues “(…)el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6)

Volviendo a la porción que estamos estudiando, en 2 de Corintios 4:4, Pablo habla del dios de este siglo, o el dios de este mundo. Se hace preciso entender que hay más dioses. En este universo, en este sistema, en este siglo hay un dios y es Satanás. Pablo lo dirá en Efesios 2:2 “(…) el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia”. Y la intención de Satanás es apartar al hombre de salvación, y lo ha logrado porque “(…)ha cegado la mente de los que no creen. Son incapaces de ver la gloriosa luz de la Buena Noticia. No entienden este mensaje acerca de la gloria de Cristo, quien es la imagen exacta de Dios.”

Como se dijo al principio, esto ocurre en el espíritu, no en la carne. Por ello es tan importante predicar sobre el espíritu y evitar la tentación de usar la palabra de Dios para hablar de las cosas de este mundo. A Satanás no le importa sino su espíritu, que su espíritu no reciba la vida, para ello ciega el entendimiento espiritual, para que el hombre no crea y no alcance la salvación.

Añadirá Pablo en el versículo 5 “(…) no andamos predicando acerca de nosotros mismos. Predicamos que Jesucristo es Señor, y nosotros somos siervos de ustedes por causa de Jesús”.

Estas palabras son de mayúscula importancia en estos tiempos, cuando se habla de liderazgo en la iglesia. En el evangelio jamás se hablará de líderes, sino, por el contrario, se referirá a siervos, a servidores.

Jesús lo advirtió en reiteradas ocasiones cuando dijo a sus discípulos “el que quiera ser el primero será siervo de todos” (Marcos 10:44; Mateo 20:27).

Este elemento es crucial desde la formación misma de la iglesia primitiva. Es por eso que Pablo escribió a los filipenses diciendo “(…) 2. completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. 3. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 4. no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. 5. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6. el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7. sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8. y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre.”

La parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:33) resume lo que hemos estudiado en esta clase. “(…)Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. 33. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; 34. y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 35. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 36. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?”

Ese Samaritano es Jesús, quien iba por el camino a tomar el Reino y nos encontró heridos de muerte por causa del enemigo. Todas las religiones siguieron de largo, pero Jesús se detuvo. Derramó el vino, que es su sangre, por nosotros; derramó el aceite, que es el Espíritu Santo, sobre nosotros, nos llevó al mesón (que es la iglesia) y le dio a la iglesia la instrucción de cuidarnos para cuando él regrese, y él pagará.

En el antiguo pacto el hombre conocería a Dios como Dios, ellos serían su pueblo y él será su Dios, pero allí no hay vida eterna. En el nuevo pacto, el cual nos ofrece Jesús, podemos ser hijos de Dios y tener vida eterna.

 

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