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Apr
09
2016

¿Es posible conocer a Dios?

¿Puede el hombre conocer a Dios?  Si así fuera ¿Qué se puede conocer de Dios? ¿Cómo es posible conocerlo?

Una forma de conocer a Dios es a través de la Teología.

Teología es una palabra griega compuesta por: Theos=Dios; Logos= Palabra.  De aquí, los teólogos suelen traducir Teología como “Estudio de Dios” o “Discurso acerca de Dios”.  De estas traducciones se desprenden muchos errores en torno al conocimiento del Creador.

Bajo la influencia del teólogo alemán Schleiermacher, se trató de otorgar un carácter científico a la teología. En lugar de la Palabra de Dios, se tomó la conciencia religiosa del hombre como fuente de la teología. La Escritura, que había sido considerada como revelación autorizada de Dios, fue desacreditada y se le dio a la comprensión humana la categoría de medición del pensamiento religioso. Así, la religión tomó el lugar de Dios como objeto de la teología. El hombre se olvidó del conocimiento de Dios como algo que le había sido dado en la Escritura y comenzó a jactarse de ser un investigador de Dios.

Las Iglesias primitivas, organizadas a partir de las diferentes divisiones que se produjeron en el proceso de evangelización iniciado por los primeros apóstoles, hablaban de un Dios invisible, que no fue engendrado, eterno e inmutable.  En realidad no eran características muy diferentes a las que los griegos atribuían al ser Divino, que tiene una existencia absoluta y sin atributos.  Sin embargo, a diferencia del pensamiento griego, los primeros cristianos testificaban que Dios se reveló en el Logos, y por lo tanto puede ser conocido para salvación.

En el siglo IV, un arriano de nombre Eunomio, afirmó que no hay nada en Dios que el intelecto humano no pueda conocer y comprender.  Mientras, los escolásticos distinguieron entre el qué y el cuál de Dios, y propusieron que, aunque no podemos saber lo que es Dios en la esencia de su Ser, sí podemos conocer algo de su naturaleza, de lo que El es para nosotros, según se nos revela en sus divinos atributos.

Las mismas ideas generales fueron expresadas por los Reformadores, sin embargo, no coincidieron con los escolásticos en cuanto a la posibilidad de adquirir verdadero conocimiento de Dios por la revelación general mediante la mera razón humana, sin ninguna ayuda más.

Lutero  propuso la idea de “el Dios escondido” y lo del Dios revelado y de éste último da a entender que no podemos conocerlo plenamente, ni siquiera por medio de su revelación especial.

Mientras que Calvino sostuvo que la esencia de Dios “es incomprensible de tal manera que su divinidad escapa completamente a los sentidos humanos”. Los reformadores no negaban que el hombre puede saber algo de la naturaleza de Dios por medio de la creación, pero afirmaban que el hombre puede adquirir el verdadero conocimiento de Dios únicamente por la revelación especial, bajo la iluminadora influencia del Espíritu Santo.

El apóstol Pablo dijo a los Romanos “18. Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; 19. porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 20. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.” (Romanos 1:18-20)

El problema con todos estos enfoques radica en que estos sistemas han sido elaborados por hombres, con todas las limitaciones que ello supone.  Es el conocimiento de Dios a partir del pensamiento del hombre, de la lógica humana, de las interpretaciones que cada uno de los investigadores, teólogos, pensadores o religiosos ha elaborado a partir de sus paradigmas.

Incluso cuando Pablo afirma que el poder y la deidad de Dios ha sido visible desde la creación del mundo, significa que la Creación misma revela un aspecto de Dios (su eterno poder y deidad), pero no permite conocer plenamente al Creador.

Sin embargo, existe una forma de conocer a Dios, hay una teología diferente y parte de un principio fundamental: Dios habló“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2. en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Hebreos 1:1-2)

La teología bibliocéntrica estudia esa palabra dada por Dios bajo la óptica de Dios, dado que todo lo que necesitamos saber se encuentra en la las Escrituras.

Hay quienes sostienen que no se puede entender a Dios a través de la Biblia porque hay muchas interpretaciones de las escrituras.  Sin embargo, es preciso tener en cuenta un elemento crucial que aplica a cualquier disciplina: interpretación no significa inventar ni añadir ideas propias a una obra; por el contrario, un intérprete debe apegarse a la idea original del autor de la obra.

Jesús dijo “Escrito está en los profetas: “Y TODOS SERAN ENSEÑADOS POR DIOS. Todo el que ha oído y aprendido del Padre, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que viene de Dios, éste ha visto al Padre“ (Juan 6:45-46)

También se lee a lo largo del Evangelio de Juan:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:18)

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3)

“Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.” (Juan 17:26)

Con estos versículos, que son la palabra de Dios dada por Jesús, el Hijo, se está marcando un elemento trascendental en la teología bibliocéntrica: Dios habló y se ha revelado a través de su Hijo, quien nos ha dado a conocer al Padre.

En el libro Éxodo leemos “2. Habló todavía Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy JEHOVÁ. 3. Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos.” (Éxodo 6:2-3)

Dios se ha dado a conocer progresivamente.  Como leímos antes, en Carta a los hebreos se afirma “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2. en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (…)” (Hebreos 1:1-2)

Aquí se está marcando una diferencia crucial en la revelación dada por los mensajeros y la revelación dada por el Hijo.

¿Quién puede revelar a Dios sino Dios mismo?  Recordemos que al inicio del evangelio de Juan se afirma lo siguiente “1. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” “14. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (…)” “18. A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Juan 1:1;14;18)

La Biblia es el libro que contiene la revelación de Dios.  La fe cristiana está sostenida en el hecho de que Dios habló.

En este seminario vamos a aprender a conocer a Dios a partir de la revelación dada por medio de su palabra, de la revelación dada por el Hijo (quien es la palabra que se hizo carne), no de las doctrinas de hombres, no desde el pensamiento de los hombres.

La razón de esto es simple: la ciencia cambia, el conocimiento científico cambia, el pensamiento del hombre cambia… La palabra de Dios no cambia.  Jesús dijo “El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35)

Mientras que el conocimiento del hombre varía de acuerdo a la comprobación y reprobación de hipótesis, proceso que además desmiente verdades que habían sido aceptadas y reconocidas por siglos, la palabra de Dios se mantiene inmutable.  A modo ilustrativo, la teoría de la evolución fue desmentida en el siglo XX y aún muchas personas ignoran el avance de las investigaciones en este campo y creen que sigue vigente, pues fueron educadas bajo la idea de que la teoría de la evolución era una verdad indiscutible.

Dicho lo anterior, vamos a aprender de Dios desde la revelación de Dios, desde su pensamiento, no desde nuestro pensamiento.

A través del profeta Isaías, Dios dijo “8. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. 10. Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, 11. así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” (Isaías 55:8-11)

Si se le preguntara a las personas, desde su punto de vista, desde sus pensamientos ¿Qué debería hacer el hombre para alcanzar la salvación? ¿Qué debe hacer el hombre para llegar a la presencia de Dios, para ir al Cielo?  La mayoría de las personas responderían desde la óptica de la religión y afirmarían que para ir al cielo, para llegar a Dios, deben ser buenos, hacer lo correcto.  Ese es el pensamiento de todas las religiones, pero la Escritura dice “Hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final es camino de muerte.” (Proverbios 16:25)

El apóstol Pablo, en carta dirigida a los Romanos, recuerda lo que dicen las Escrituras “(…)judíos como griegos están todos bajo pecado; 10. como está escrito: NO HAY JUSTO, NI AUN UNO; 11. NO HAY QUIEN ENTIENDA, NO HAY QUIEN BUSQUE A DIOS” (Romanos 3:9-10)

Y más adelante agrega “21. Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22. la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23. por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24. siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:21-24)

Entonces, la única forma de llegar a Dios es por medio de Jesucristo y, además, para que esto sea posible Jesús debe morir en la Cruz para derramar su sangre, por la cual el hombre alcanzará salvación, esa es la justicia de Dios, ese es el pensamiento de Dios, radicalmente opuesto al pensamiento de los hombres.

Recordemos, Dios dijo que sus pensamientos no son nuestros pensamientos, ni sus caminos nuestros caminos.  El camino de Dios puede parecernos una locura, porque la justificación nos es dada gratuitamente por medio de la fe en Jesucristo y ya estaba anunciado en la ley y los profetas, es decir, en todo el Antiguo Testamento.

Cuando Jesús vino se le acercaban los pecadores y él les decía “tus pecados te son perdonados”, por eso los buenos, los religiosos, aquellos que se sentían intachables, los fariseos, los Maestros de la Lay, se escandalizaron.  Pensarían que si Dios viene tendría que estar con ellos, que han cumplido la ley dada por Dios por medio de Moisés.  Sin embargo, Jesús les dijo que los ladrones y las prostitutas irán delante de ellos al Reino de Dios.

Por eso el hombre no se puede acercar a Dios por medio de su propio pensamiento, sino debe deshacerse de sus preconceptos para poder recibir la palabra dada por Dios.  El pensamiento del hombre es religioso y lo va a desviar, es por esta razón que se predicaba el arrepentimiento para el perdón de los pecados.

Cuando Juan anunciaba que Reino de Dios de ha acercado, decía a la gente que debía arrepentirse.  Jesús también llamaba al arrepentimiento y los discípulos hicieron lo mismo a lo largo de su ministerio.

Arrepentirse significa cambiar la manera de pensar, es decir, cambiar mi pensamiento al pensamiento de Dios, cambiar de mi camino al camino de Dios.  Ello requiere una transformación.

La invitación de Pablo a los romanos fue “2. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2)

Cambiar el pensamiento, transformarse por medio de la renovación del entendimiento, para comprobar cuál es La Voluntad de Dios.

¿Cuál es la Voluntad de Dios? Eso es lo que vamos a aprender en este Seminario y nos vamos a adentrar en el conocimiento de la voluntad de Dios por medio de la revelación que él nos ha dado en su palabra.

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3)

Si la vida eterna es conocer a Dios y a Jesucristo, ese conocimiento debe venir a través de la manifestación del mismo Dios y para lograr ese objetivo debemos entender que la Biblia es el libro que contiene la revelación de Dios.  Eso hace que la Biblia sea un libro único, es el libro que contiene la palabra de Dios.

La Biblia es el libro que nos muestra cuál es el propósito de Dios, cuál es su voluntad desde antes de la fundación del mundo. “Porque Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él” (Efesios 1:4)

Toda la Escritura, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, habla de Jesús, del plan de salvación de Dios para el hombre, de la vida eterna.

Dios habló y su palabra no es un misterio para los hombres ni ha sido revelada a unos pocos, y sabemos que esto es así porque Dios mismo nos lo ha dicho por medio del profeta Jeremías:

“33. Ésta será la alianza que haré con Israel en aquel tiempo: Pondré mi ley en su corazón y la escribiré en su mente. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Yo, el Señor, lo afirmo. 34. Ya no será necesario que unos a otros, amigos y parientes, tengan que instruirse para que me conozcan, porque todos, desde el más grande hasta el más pequeño, me conocerán. Yo les perdonaré su maldad y no me acordaré más de sus pecados. Yo, el Señor, lo afirmo.»” (Jeremías 31:31-34)

El conocimiento de Dios será para todos, porque él pondrá su ley en nuestra mente y en nuestro corazón.  Esta promesa se muestra nuevamente en el discurso de Jesús, cuando dijo a sus discípulos “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Juan 14:26)

Todos los que creen en Jesús reciben la unción del Espíritu Santo.  No son sólo unos pocos que ostentan posiciones de poder dentro de las organizaciones religiosas; Jesús dijo claramente en quiénes se manifestaría la promesa “(…)El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” (Juan 14:23)

El apóstol Juan lo reitera mediante carta “Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.” (1 Juan 2:20)  Y más adelante añade “Pero ustedes tienen al Espíritu Santo, que Cristo puso en ustedes. Por eso no necesitan que nadie les enseñe, pues el Espíritu de Dios les enseña todo; y lo que él enseña no es mentira, sino la verdad. Por eso, sigan las enseñanzas del Espíritu Santo, y manténganse siempre unidos a Cristo.” (1 Juan 2:27)

El evangelista Lucas nos cuenta que Jesús “Después volvió a Nazaret, el pueblo donde había crecido. Un sábado, como era su costumbre, fue a la sinagoga. Cuando se levantó a leer, 17. le dieron el libro del profeta Isaías. Jesús lo abrió y leyó: 18. «El Espíritu de Dios está sobre mí, porque me eligió y me envió para dar buenas noticias a los pobres, para anunciar libertad a los prisioneros, para devolverles la vista a los ciegos, para rescatar a los que son maltratados 19. y para anunciar a todos que: “¡Este es el tiempo que Dios eligió para darnos salvación!”» (Lucas 4:16-19)

La unción del Espíritu Santo es el poder de Dios para hacer su obra y esa unción está sobre todos los que creen.

Asimismo, el Señor Jesús, luego de haber resucitado y haber dado el mandamiento de predicar el evangelio a sus discípulos, les dijo “17. Estas señales acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán en nuevas lenguas; 18. tomarán en sus manos serpientes; y cuando beban algo venenoso, no les hará daño alguno; pondrán las manos sobre los enfermos, y éstos recobrarán la salud.” (Marcos 16:17-19)

Es preciso reiterar que estas señales acompañarán a todos los que crean, no solamente a un grupo selecto.  Y esto será así porque todo el que cree recibirá la unción del Espíritu Santo y de su interior correrán ríos de agua viva (Juan 7:37-39).

Para este seminario hay principios claves:

  • El único libro que se utilizará es la Biblia.
  • No debe subrayar la Biblia. La palabra de Dios es palabra viva.
  • No memorice, hacerlo obstruirá el conocimiento de la palabra.
  • Escudriñe las Escrituras, no crea nada de lo que se dice. Jesús le decía a la gente que creyeran en él, no por su palabra, sino por lo que está escrito y les decía “Escudriñen las escrituras (…) ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39)  En el libro de Hechos se dice que estando Pablo predicando en Berea, los creyentes “(…) recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” (Hechos 17:11)

En este seminario se enseñará a escudriñar las escrituras, para que conozca a Jesús y crea que él es el Cristo, el Hijo del Dios viviente y lleve una vida de fe correcta, no por lo que se enseñe aquí, sino porque cada uno aprenderá del Espíritu Santo.  No se enseñará doctrinas ni teologías de hombres, sólo la palabra contenida en la Escritura.  Ante la palabra de Dios no podemos decir “yo creo; a mí me parece”, pues si el Espíritu Santo no habla por su propia cuenta (Juan 16:13-14) y tampoco el Hijo habló por su propia cuenta (Juan 12:49; Juan 14:10), mal haríamos nosotros si nos atreviéramos a hablar por nuestra propia cuenta.

Pablo dice a los creyentes en la iglesia en Corinto “4. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. 5. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo.” (2 Corintios 10:4-5)

Los argumentos y la altivez se levantan contra el conocimiento de Dios y recordemos que Jesús dijo que la vida eterna es conocer a Dios y a Jesucristo, a quien el Padre ha enviado.  Y Pablo nos recuerda en carta a la iglesia en Éfeso “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales.” (Efesios 6:12)

Texto desarrollado a partir de la Clase 1 del Seminario de Teología La Voluntad de Dios, dictado por el teólogo Diego Felipe Albarracin Ramirez en la Iglesia Cristiana Palabra Viva en Bogotá.

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