Pido perdón de antemano, porque sé que pocos compartirán mi sentir y creo que mis opiniones pueden herir susceptibilidades, pero Yo creo que si hay algo por lo que vale la pena morir es por lo que uno ama, por lo que uno cree y por aquello sin lo cual uno no podría vivir.

Gandhi murió luchando por la libertad, Luther King murió luchando por la libertad, los 149 estudiantes cristianos en Kenya murieron afirmando su fe, su libertad espiritual… si Leopoldo López muere, lo hará luchando por sus valores. Nadie necesita permiso ni aprobación de la mayoría para luchar por valores.

Hay quienes pueden vivir en la miseria espiritual y moral y el simple hecho de amanecer cada día les basta, las cucarachas viven en la basura y son felices así. Pero para quien vivir preso de conciencia y hambriento de libertad es impensable, para quien su espíritu vale más que su cuerpo, sus actos tienen sentido.

Hubo un escrito de Laureano Márquez en el cual comparaba los sacrificios de Gandhi y Martin Luther King con el de Leopoldo López, afirmando que el pueblo venezolano no es como la sociedad americana de aquellos años, cuando movidos por la indignación salieron a apoyar el movimiento de derechos civiles. Ni los chavistas son ingleses, que van a reaccionar como lo hicieron los británicos de la época con la decencia de un Lord.

Pero, me pregunto ¿cuántos muertos se necesitaron para que el pueblo americano reaccionara? ¿Cuántos muertes lograron conmover a los británicos? ¿O es que acaso quienes hicieron esos sacrificios sabían los resultados de antemano?

¿Cuánto va a significar una potencial muerte de Leopoldo para el cambio en Venezuela? Eso no lo puede anticipar nadie. ¿Cuánto significó la muerte de Luther King, la muerte de Gandhi, la muerte de tantos otros miles de anónimos luchadores para arar el camino por los derechos humanos en el mundo?

Somos semillas. La semilla debe morir para que eche raíz. Hay quienes valoran más el cuerpo que el espíritu y puede parecer lógico, al fin y al cabo nos han convencido de que ésta es la única vida que tenemos. Pero quienes aman su espíritu, quienes aman la vida, la libertad, la justicia, la paz, la hermandad, quienes aman a Dios, tienen derecho a sembrarse como semillas.

No falta quien afirma que no vale la pena inmolarse por el pueblo venezolano y Yo me pregunto  ¿Acaso aquel ciudadano tunecino que se quemó a lo bonzo lo hizo porque estaba apostando que ahora sí venía un cambio? ¿Será que los mártires se inmolan por los imbéciles inertes que los rodean? ¿Quien muere por un ideal lo hace para ver si los demás toman consciencia? ¡Yo no creo! Yo creo que hay cosas muchísimo más importantes que la mediocridad del entorno.

Cada día hay situaciones donde nos toca elegir. Hay quienes se inmolan y renuncian a un cargo público porque les piden que avalen actos de corrupción o, al menos, se queden callados. Otros dicen que no pueden perder la platica de la jubilación y que tienen que pensar en sus hijitos y se justifican diciendo que igual, si lo botan, nada va a cambiar. ¡Lo mismo, en otro escala!

Unos se inmolan y denuncian a los funcionarios corruptos, aunque eso les pueda costar la vida. Otros se callan ante los atropellos y abusos de los poderosos porque, si lo matan ¿va a cambiar algo? Total, “la vida” vale más que los principios, los valores, la ética…

¡Ah! ¡Más genial! Hay quienes, con un fusil apuntándole la cabeza, se declaran cristianos… hay quienes con una decena de cadáveres al lado y el mismo fusil en la cabeza se declara cristiano… hay quienes niegan a Jesús en la misma situación… ¿y qué decir de los que lo niegan sin el fusil y el islamista en la escena?

Yo creo en el mártir de cada día, Yo creo en el que vive y respira por sus valores, Yo creo en el que es capaz de dar la vida por una vida mejor.  Y sí, el que tiene oídos para oír que oiga.

Adriana Pedroza Ardila

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