Nov 21 2017

El colombiano feo.

Hoy Colombia está angustiada. Bueno, Colombia no, en realidad es la clase media colombiana, aquellos que han visto cómo hoy, a pocos kilómetros de la frontera con Venezuela, aquellos que otrora fueron también clase media, están sacando comida de la basura.
 
El colombiano sabe que no fue de la noche a la mañana que Venezuela llegó a la degradación política, económica, moral y social en que se encuentra en estos tiempos difíciles. El colombiano sabe que aquello ha sido la consecuencia de muchos años de mal gobierno de Chávez y, posteriormente, los otros malos años de gobierno de Nicolás Maduro.
 
Además el colombiano ha comprado la historia de la diáspora venezolana que le ha vendido su versión de los hechos, que bien podría resumirse en que los pobres, que son perezosos y les encanta el asistencialismo, cambiaron la democracia por limosnas que recibían de la revolución bolivariana. Aunados a un grupo de corruptos y ladrones de cuello blanco, que se enriquecieron con negocios turbios que les permitía hacer el gobierno chavista.
 
Resultado de la ecuación: La culpa es de los pobres, que en vez de trabajar y ganarse sus cosas, prefieren que se las regalen y vendieron la democracia y la libertad por una bolsa de comida; y de esos nuevos ricos que se han forrado de dinero a costa de la miseria del pueblo.
 
Para tragedia del pueblo colombiano, lo que el venezolano de la diáspora no le cuenta es cuán determinante fue la desidia de la sociedad civil venezolana en la gestación de la crisis actual. Lo que el venezolano no dice es que Chávez fue la consecuencia de muchos años de negligencia por parte de los diferentes gobiernos democráticos y de la sociedad civil, culpa del abandono y marginalización de una mayoría invisible, que vio en Chávez una esperanza. Tampoco se confiesa que esos pobres que hoy se quejan por el hambre y la miseria, aunque no sean simpatizantes del gobierno, tampoco lo son de la oposición.
 
La democracia en Colombia peligra, no por los políticos, sino por la absoluta ausencia de empatía del ciudadano colombiano con sus compatriotas. Al colombiano promedio le importa un pito lo que esté viviendo el vecino, la otra familia del colegio del hijo, la comunidad de tres calles más abajo… La Guajira, los desplazados, los indígenas.
 
A Colombia no la está hundiendo el político corrupto, sino el ciudadano negligente, el apático, el que no participa porque no les gusta la política. Ese colombiano feo que cree suficiente dar una limosna, que cree que lavando su conciencia con un par de acciones de caridad está contribuyendo al país, que se siente satisfecho cuando va a una marcha protestando por el asesinato de una niña pobre, pero no hace nada para contribuir a la disminución de la vulnerabilidad de la infancia en su país; ese colombiano al que le importa un pito si una persona murió porque la EPS no le dio el tratamiento médico necesario, porque él tiene medicina prepagada; ese colombiano que permite que las editoriales escolares se enriquezcan a costa de la pobreza de las familias porque cada año deben cambiar de libro porque los libros escolares son ridículamente costosos y sólo sirven para un niño y para un año. Colombiano feo, igual de corrupto y miserable que los políticos que elige para que los representen.
Usted, colombiano que ha leído esto, si no empieza a actuar diferente, está cavando el hoyo donde se enterrará la democracia de su país. Usted tiene la opción de despertarse, dejar la apatía, quitarse la pereza de encima y comenzar a actuar de manera que los pobres de hoy tengan una mejor opción que votar por un candidato del partido de las FARC o un loco de ultraderecha que acabe de hundir al país. Si usted no hace algo para que ese ciudadano que está viviendo en condiciones de vulnerabilidad tenga algo qué perder si ganan los tiranos, no se queje cuando en unos pocos años vea a su país hundiéndose como se hundió Venezuela.
 
¡Despierta Colombia! ¡El momento es ahora!
 
http://www.adrianapedroza.com/bibliografia/el-venezolano-feo-segunda-edicion-ampliada/