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Nov
14
2016

De la justicia de Dios y sus hijos.

Si usted no cree en Dios o cree que creer en cualquier dios da lo mismo, le sugiero que no lea esto porque no va a entender. Pero si usted es de los que dicen que creen en Jesús, le comparto esta reflexión.
 
Leyendo la Biblia uno se da cuenta que hacer el bien es más simple de lo que nos ha vendido la religión: es obedecer a Dios. Antes de la venida de Jesús, es decir, antes de que Dios se rebajara a la condición de hombre, el pueblo de Israel recibió un montón de mandamientos que debían cumplir para ser bendecidos; pero luego que Jesús vino y anunció la buena noticia y derramó su sangre para que todos nosotros tengamos perdón de pecados gratis y podamos presentarnos delante de Dios como si nunca hubiéramos pecado, hacer el bien se resume en un solo acto: Creer en jesús.
 
No se trata de un creer de labios, se trata de un creer basado en una relación íntima con Jesús, con Dios mismo. Creer que por la sangre derramada por el Hijo de Dios Yo puedo ir delante del Padre y presentarme como si nunca hubiera hecho nada malo… ¡Vamos! Es que eso es demasiado grande.
 
Sorprendentemente es algo que mucha gente no logra aceptar, porque la justicia de Dios no es como nuestra justicia. Nosotros esperamos que aquellos que hacen cosas buenas se salven y vayan al cielo y los que han hecho cosas malas, se vayan al infierno.
 
Sin embargo, la justicia de Dios es que la salvación no es por obras, sino por fe, por la fe en la palabra de Dios, por la fe en la sangre derramada en la cruz, por la fe en su nombre.
 
El profeta Isaías escribió “Tú recibes a quienes hacen el bien con gusto; a quienes siguen caminos de justicia. Pero has estado muy enojado con nosotros, porque no somos justos. Pecamos constantemente; ¿cómo es posible que personas como nosotros se salven? (Isaías 64:5)
 
Personalmente pienso que si alguien no se ha hecho esa pregunta, nunca podrá entender la justicia de Dios y mucho menos dimensionar su amor y su misericordia. ¿Cómo es posible que una persona como Yo se salve? Pues si la justicia de Dios fuera como la de los hombres ¿quién se salvaría?
 
Y más adelante el profeta añade “Y a pesar de todo, oh SEÑOR, eres nuestro Padre; nosotros somos el barro y tú, el alfarero. Todos somos formados por tu mano”. (Isaías 64:8)
Una de las peores cochinadas que nos ha hecho la religión es robarnos la emoción y el quebrantamiento que deberíamos sentir al comprender que podemos llamar a Dios ¡Padre! Porque la religión nos engañó diciendo que todos somos hijos de Dios, pero la palabra de Dios dice que quienes aceptaron al Jesús, a quienes creyeron en su nombre, a esos les concedió el privilegio de ser hechos hijos de Dios. (Juan 1:12)
 
Yo creo que si nosotros alcanzáramos a dimensionar la justicia de Dios, si la entendiéramos y valoráramos ese privilegio de llamar a Dios ¡Padre!… “a pesar de todo” lo que la embarramos, seguramente seríamos mejores hijos y trabajaríamos con verdadero amor de herederos en el Reino de Dios.
 
Adriana Pedroza Ardila.

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