Dejando de la lado la hipocresía y la falsa piedad que caracteriza a los herederos del sentimiento de culpa judeo-cristiano, en Venezuela, y en muchas otras partes del mundo, el anuncio de la enfermedad del líder de la revolución bolivariana fue recibida con alegría… y culpa, por aquello de que no es bueno alegrarse del mal del prójimo.

Hay quienes interpretan este anuncio como una oportunidad para una salida democrática de la crisis que está viviendo el país hace más de una década. La muerte del dictador y, por supuesto, la tesis de ausencia de una personalidad dentro del chavismo que pueda arrastrar las masas como lo hace Chávez, suena como un escenario perfecto para el necesario cambio que estamos esperando desde hace tanto.

Sin embargo, insisto, hay que recordar que la muerte de Lenin no significó un avance hacia la democracia para la sociedad rusa, ni siquiera un avance para el respeto a los derechos humanos. Al contrario, el deceso de un tirano se convirtió en el ascenso de uno de los peores criminales de la historia de la humanidad: Joseph Stalin.

Volviendo a la realidad venezolana, a la realidad vista desde julio de 2011, se rumora que la unidad de los partidos de oposición pudiese desaparecer sin Chávez liderando la campaña presidencial de 2012. Desaparecido el enemigo común, desaparecería la unidad de la oposición. Quizá el único posible candidato de oposición que ha leído inteligentemente la situación es Henrique Capriles, quien no le cree nada a Chávez… ¡y Yo tampoco lo haría!

Si algo ha demostrado Chávez es que sabe manipular las emociones. Apartando las dudas acerca de su enfermedad, sea o no real, deberíamos saber que va a manipular con ella. Y si recordamos, Chávez admitió haber planeado los sucesos del 11 de abril de 2002, para hacer una depuración de sus más cercanos colaboradores y saber con quién contaba realmente. ¿Quién puede afirmar con certeza que este no es otro plan de Chávez para saber quiénes le son leales y quiénes no? Y así, aprovecha y desarticula la oposición, que cree que está a punto de vencer al contrincante… ¡Oh, sí! La ingenuidad es otra característica del venezolano.

Es ahora cuando más unión se necesita para analizar la coyuntura y nunca, jamás, se puede perder de vista qeu Chávez es un psicópata y los psicópatas razonan de una manera muy diferente que las personas estadísticamente normales. Cualquier cosa que pueda parecerle descabellada a un individuo normal, es perfectamente posible para alguien como Chávez. Tengo que insistir, no podemos olvidar que todo lo que pasó en abril de 2002 fue un plan de Chávez y todos caímos y le servimos para que él pudiera lograr su objetivo ¡y lo logró!

En este momento, cuando hay tantas divisiones dentro del chavismo, no es descabellado pensar que Chávez esté diseñando otro plan para depurar sus filas. No podemos bajar la guardia ni debemos olvidar con quién estamos tratando.

Leave a Reply