Yo sé qué es odiar, sé muy bien qué es guardar rencor y conozco de cerca la venganza. Yo sé qué se siente cuando alguien dice que hay que perdonar a los enemigos, que hay que amarlos, bendecirlos… ¡Puta madre, que vaina tan jodida! Eso lo entiendo perfectamente.

Sin embargo, cuando uno cree que Jesús es Dios que se ha rebajado a la condición de hombre para vivir entre nosotros, que vino para morir, derramar su sangre para el perdón de nuestros pecados y luego resucitarpara que tengamos vida eterna a su lado, resulta menos traumático el proceso de perdonar. Porque resulta que no hay una tabla de medición de pecados… ¡no hay un pecadómetro!

En realidad sí hay una separación de pecados, los que son contra Dios y los que son contra los hombres. Obviamente es más grave pecar contra Dios que contra el hombre, y sin embargo nosotros tenemos la costumbre de atropellar a Dios y creer que eso no conlleva consecuencias. Pero cuando el pecado es contra el hombre, nos ofendemos y maldecimos.

Yo sé que hay situaciones que hacen de perdonar una tarea titánica, pero piense en algo ¿cómo saldría parado si usted fuera medido con la misma vara que mide? ¿Cómo le quedaría el acta de perdón si usted fuera perdonado de la misma forma que perdona a los demás? ¿Cómo saldría del juicio si usted fuera juzgado de la misma forma en que juzga a los demás?

Muchas personas me han dicho que no tienen nada de qué arrepentirse, porque han sido buenos, son personas piadosas y por eso creen que no han pecado. ¡Eso sí es estar muy jodido en la vida! Entérese de algo, usted pecó, peca y seguirá pecando; sin embargo, si usted dejara de creer que por sus propios medios puede lograr la salvación y cambia de manera de pensar, va a lograr recibir la sangre de quien la derramó para ese fin, para que usted crea y sea salvo.

¿Está a punto de enfermarse por el estrés que le producen las imágenes de la frontera colombo-venezolana y por eso necesita drenar y maldecir por las redes sociales? Es mejor que deje de ver noticias y ocupe su tiempo y su vida en algo productivo, ocúpese de su espíritu y ayude a los demás a llegar a Dios. No pierda su salvación maldiciendo a otros, creyendo que es mejor que los malos.

Ocúpese de su espíritu y, si es capaz de hacerlo, ponga usted los dos peces y los siete panes para que Jesús los multiplique. Ponga usted lo posible y deje que Dios se encargue de lo imposible.

Adriana Pedroza Ardila.

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