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Sep
29
2016

¿Cómo se va al cielo?

La mayoría de las personas afirman creer en Dios y, aunque no existe una comprensión real de lo que ocurre después de la muerte, muchos estamos anhelando ver el Reino de Dios.  Sin embargo, es un anhelo que pocas veces está acompañado de acciones concretas que nos acerquen a esa meta y muchos de nuestros errores vienen dados por la ignorancia en torno a la palabra de Dios.

Ser buenos parece ser la respuesta lógica a la pregunta ¿cómo ir al cielo? Pero Jesús le dice a hombre bueno que para poder entrar al Reino de Dios debe nacer de nuevo.  Y Juan nos cuenta lo que ocurrió en ese encuentro entre Jesús y un hombre bueno llamado Nicodemo.

  1. Había un hombre que se llamaba Nicodemo, era de los fariseos y líder importante de los judíos. 2. Una noche fue a donde estaba Jesús y le dijo: -Maestro, nosotros sabemos que Dios te envió a enseñarnos porque nadie sin la ayuda de Dios puede hacer los milagros que tú haces. 3. Jesús le respondió: -Te digo la verdad: el que no nace de nuevo, no puede tener parte en el reino de Dios. 4. Nicodemo le dijo: -Pero si uno ya es viejo, ¿cómo puede nacer de nuevo? ¿Acaso puede entrar dentro de su mamá y nacer otra vez? 5. Jesús respondió: -Te digo la verdad: uno tiene que nacer del agua y del Espíritu. Si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar al reino de Dios. 6. El cuerpo de uno viene de los padres, pero la vida espiritual nace del Espíritu. 7. No te sorprendas si te digo: ‘Ustedes deben nacer de nuevo’. 8. El viento sopla para donde quiere ir. Tú lo escuchas soplar pero no sabes de dónde viene ni para dónde va. Así es con todos los que nacen del Espíritu. 9. Nicodemo le respondió: -¿Cómo puede ser posible? 10. Jesús le contestó: -¿Eres tú un maestro importante del pueblo de Dios y sin embargo no lo entiendes? 11. Te digo la verdad: nosotros hablamos de lo que sabemos. Contamos lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan lo que decimos. 12. Les he hablado sobre lo que ocurre aquí en la tierra y ustedes no creen. Entonces, ¿cómo van a creer si les hablo de lo que ocurre en el cielo? 13. El único que ha subido al cielo es el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. 14. “Moisés levantó una serpiente de metal en el desierto, así que tiene que pasar lo mismo con el Hijo del hombre: el Hijo del hombre también será levantado. 15. Así todo el que crea en el Hijo del hombre tendrá vida eterna.

Al igual que todos los fariseos, Nicodemo es un hombre bueno a los ojos de la sociedad.  Y no se trata de un “ser bueno” para lucir su bondad delante de las personas, pues los fariseos eran hombres muy religiosos, piadosos y celosos guardianes de la ley dada por Dios a los hombres por medio de Moisés.  Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que Nicodemo vivía para ver el reino de Dios.

No poca debe haber sido su sorpresa cuando aquel a quien está llamando Maestro y a quien le reconoce que debe venir de parte de Dios, le dice tajantemente que si no naciere de nuevo no verá el reino de Dios.

A partir de ese punto se desarrolla una conversación que muestra claramente la existencia de dos mundos totalmente diferentes: El mundo de las cosas físicas, o de la carne, y el mundo Espiritual.  Nicodemo, sin saberlo, pretendía llegar a Dios –que es Espíritu- a través de las herramientas humanas; pero Jesús le aclara que lo que nace de la carne, carne es, y que lo que nace del espíritu, espíritu es.  Entonces es necesario nacer del agua y del Espíritu.  Nicodemo no entiende y nosotros, si no lo vemos a través de la revelación de la palabra de Dios, que es Jesús, tampoco entenderemos.

Nacer de nuevo para tener parte en el Reino de Dios. ¿Cómo se puede nacer de nuevo? Esa es la pregunta que inquieta a Nicodemo y que debería inquietarnos a nosotros si realmente creemos que el Reino de Dios es una realidad.

Nacer del agua y del Espíritu ¿Cómo se hace eso?

Hablemos del agua ¿qué significa nacer del agua?

En Juan 15:3, Jesús dice a sus discípulos “Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado”.  Aquí se está haciendo una clara analogía entre el agua y la palabra de Jesús, que es palabra de Dios, pues recordemos que Jesús sólo habló lo que el Padre le dio para hablar (Juan 12:49).

El apóstol Pablo, en carta a los efesios, dijo a la iglesia de Éfeso que Jesús amó a la iglesia y la santificó “habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra” (Efesios 5:26).  Entonces, la palabra de Jesús limpia, santifica… Pero ¿cómo se nace de nuevo por la palabra?

¿Por qué la palabra debe limpiarnos?  La respuesta es simple: porque todos nosotros estamos llenos de nuestras propias ideas y conceptos que vienen del aprendizaje de doctrinas de hombres, de pensamientos de hombres.

Dios nos lo ha dicho claramente en su palabra, cuando habló al profeta Isaías y le dijo “mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (Isaías 55:8).  Y claramente es así, pues nuestra idea de justicia no es la de Dios y no pocas veces hemos osado pensar que Dios no es justo.  Nuestra idea de amor no es la idea de amor de Dios y, siendo honestos ¿cuántas veces hemos deseado ver manifestado el amor de Dios según nuestro paradigma de amor?  El gran problema que enfrentamos los seres humanos cuando iniciamos este proceso de conocimiento de Dios, es que podemos estar muy convencidos de tener una idea mejor que la idea de Dios… por eso necesitamos ser lavados por la palabra.

A título personal, para entender este punto tan importante del Evangelio, recordé un episodio de mi infancia: una excursión a una montaña.  Ya de bajada comenzó a llover y nos pareció muy divertido bajar la montaña sentados, como si fuera un tobogán de barro.  Obviamente, llegamos cubiertos de lodo, de la cabeza a los pies.  Cuando mi mamá llegó en su carro blanco y vio a sus tres hijitos que parecían estatuas de arcilla, nos dijo “Ustedes no se suben así al carro”.  Tomó una manguera y comenzó a quitarnos el barro ya seco.  A mí me resultaba absolutamente fascinante ver la tierra mojada deslizarse por nuestro cuerpo, hasta que aparecía el verdadero color de la piel.

Algo análogo sucede cuando somos lavados por la palabra de Dios.  Es barro seco, esas ideas y doctrinas de hombres van cayéndose en la medida que la palabra corre por nuestra mente y va dejando al descubierto la verdad y sólo así pude penetrar al corazón… o subirse al carro.

A Dios nadie lo vio jamás, sólo Jesús, quien bajó del cielo, puede darnos a conocer al Padre y es sólo por medio de la palabra que podemos conocer a Jesús.  Si no somos lavados por su palabra, si no nacemos del agua, nunca podremos nacer de nuevo por el Espíritu, porque no podemos creer en aquello que no conocemos.

Dice el evangelista Juan que los que creen en Jesús han recibido el derecho de ser hechos hijos de Dios y que éstos son hijos, no nacidos de padres humanos, ni de deseos humanos, sino que han nacido de Dios (Juan 1:12-13).  Jesús dijo Dios es Espíritu (Juan 4:24), entonces, los que nacen de Dios están naciendo del Espíritu y están naciendo de nuevo, nacen a una nueva vida.

¿Qué es nacer de nuevo?  Es creer en Jesús (Juan 3:15).  Sólo a través de él podemos tener vida eterna y esta vida no será como sirvientes, sino como hijos de Dios.

Pablo lo explicó a los corintios cuando les dijo “(…) si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” (2 Corintios 5:17).   Pero ¿Qué significa estar en Cristo? ¿Qué significa creer en Jesús?

Quien cree en Jesús, cree que su palabra es verdad, que su palabra es la palabra de Dios (Juan 12:49), esto implica que aquel que cree en Jesús obedecerá su palabra, guardará su mandamiento (Juan 14:21) y Jesús nos ha comisionado para llevar su evangelio a todas las personas (Mateo 28:19,Marcos 16:15,Lucas 24:47-48).  Entonces, quien cree en Jesús irá a predicar su palabra y hará discípulos para él, pues habrá entendido su mensaje de salvación, que ha sido anunciado por todos los profetas antes del nacimiento de Jesús.

Creer en Jesús implica saber que él es el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Juan 20:31; Mateo 16:16).  Creer que Jesús es el Cristo significa conocer que todas las escrituras (Antiguo Testamento) que anunciaban la venida de un salvador, la reconciliación de Dios con el hombre, están cumpliéndose en Jesús.  Y creer que él es el Hijo de Dios, significa reconocer que Jesús es Dios mismo que se rebajó para hacerse como uno de nosotros (Juan 1:1:14)

Dios nos reconcilió consigo mismo por medio de Jesús y, aunque Nicodemo sabía que Jesús venía de parte de Dios, no lo reconoció como lo que era: El Hijo de Dios, Dios mismo que vino para reconciliarse con nosotros.

Cuando Jesús le pregunta ¿Eres tú maestro de Israel y no entiendes estas cosas? (Juan 3:10), está refiriendo a la profecía que anunciaba “25. Entonces derramaré agua pura sobre ustedes y serán limpios de todas sus impurezas. 26. Les daré un corazón nuevo y les infundiré un nuevo espíritu. Les quitaré ese corazón de piedra y pondré uno de carne. 27. Pondré mi Espíritu en ti. (…)” (Ezequiel 36:25-29)

Ese nuevo ser, producto de nacer de nuevo en agua y Espíritu, es una nueva criatura, reconciliada con Dios, con un corazón nuevo, con el Espíritu de Dios en él que lo guiará a llevar el mensaje de salvación que ha recibido de Jesús y que lo ha hecho una nueva creación y embajador de Cristo.

“17. Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! 18. Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: 19. esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación. 20. Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: “En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios.” (2 Corintios 5:17-20)

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