¿Usted es de esos venezolanos que se sienten libres de toda culpa porque nunca votó por Chávez, nunca ocupó un cargo público y nunca ha sido empresario explotador? ¿Usted es de esos venezolanos que todavía cree que nunca hizo nada malo y, por lo tanto, usted no tiene ninguna cuota de responsabilidad en el trágico destino de nuestra patria?  ¿Usted no es venezolano y teme que su país se puede ir a la porra, pero su conciencia está tranquila porque no ha votado ni votará jamás por la izquierda, o va a votar por la izquierda porque la derecha ha arruinado a su país, pero usted es inocente, ha ayudado a los pobres y es bueno?  Tenga cuidado, en uno u otro caso, venezolano o no, de izquierda o de derecha, porque quizá usted no lo sepa y tiene un Chávez viviendo en su inconsciente.

El Chávez interno de la clase media fea o, los demás tienen la culpa.

Venezuela se divide en dos bandos, por un lado están los venezolanos feos que culpan a los políticos, a los ricos y a los empresarios de la desgracia del país.  Porque cada uno de ellos actúa según sus intereses sin preocuparse del pueblo, pagan malos sueldos, explotan al trabajador, maltratan al humilde y, en síntesis, fueron los que sembraron la semilla que germinó en la revolución desastrosa que está viviendo el país.  Por el otro lado están los que culpan a los pobres porque ellos votaron, y siguen votando, masivamente por un ladrón, asesino, cínico, desgraciado, perro inmundo, etc., sólo porque les promete dádivas.

Los errores políticos de las clases populares han sido justificados históricamente por su falta de preparación académica, porque votan con hambre, porque con el estómago vacío no existe capacidad de pensar nada.

La clase media se llena la boca diciendo que los pobres votan, y apoyan en cualquier aventura política, por quien les dé una bolsa de comida o una botella de ron.  La clase media venezolana justifica o critica a mansalva a los miserables que ven en Chávez la solución a sus problemas, a esos que creen que el teniente coronel les va a regalar una casa o les da una limosna en forma de Misión.  Saben bien que no sólo los pobres votaron por Chávez, porque también están los ricos, los empresarios golosos que pensaron en beneficiarse del gobierno, la élite criolla que hace pactos con cualquiera, que se vende a quien sea necesario para preservar sus prebendas.

Sin embargo, esa clase media venezolana, tan inteligentita, tan honesta, tan trabajadora, es incapaz de reconocer que actúa de la misma manera que aquellos a quienes condena con tanto fervor.

El venezolano feo de la clase media actúa como si fuera inocente de todo lo que pasa a su alrededor.  Va a marchar, toca la bocina del auto al son de “ni un paso atrás”, se viste de negro cuando los líderes de alguna manifestación convocan al luto, toca la cacerola y hace lo que le pidan que haga, pero así como el sujeto del barrio de estrato E, aprovecha lo que pueda aprovechar del régimen, sin comprometerse más de la cuenta para no afectar sus posibilidades de hacer negocio con el gobierno o de trabajar en alguna empresa asociada a la revolución.

Luego de los despidos masivos en PDVSA, muchos profesionales que no estaban al nivel de los recién botados, presentaron sus hojas de vida tratando de obtener uno de esos cargos que habían quedado vacantes, procurando aprovechar esa oportunidad única de estar en una posición que no se merecían y para la cual bien sabían que no tenían la preparación adecuada.  No pocas veces escuché expresiones como “menos mal que no firmé” porque lo único que parecía poder separarlos de un cargo en la petrolera estatal era haber firmado para pedir el revocatorio del presidente.

Algo parecido ocurre con el profesorado venezolano, el feo, por supuesto.  Muchas nuevas casas de estudios superiores han sido plagadas de profesores sin compromiso, sin ideología e, incluso, sin preparación académica ni pedagogía.  Dependiendo de la línea pseudoideológica a la que pertenezca el patrono, el profesor feo se plegará e impartirá sus clases haciendo lo estrictamente necesario para poder cobrar su sueldo.  Esos profesionales que “nunca tuvieron la oportunidad” de ingresar al cuerpo docente de una universidad seria, tienen ahora su gran oportunidad de ser llamados profesores y cobrar un dinero extra por dar unas clases a medias.  La Universidad Bolivariana, por nombrar sólo una, es un alma mater sostenido por docentes que necesitaban el cargo, profesionales capaces de hacer y decir lo que sea necesario para conservar su puesto. Algunos se sienten miserables, se quejan de lo que les toca hacer porque necesitan el dinero, pero siguen allí, obedientes, rencorosos, vengándose de la revolución socialista en el primer Mc Donald´s que encuentren en el camino a clases.

Y es que el venezolano feo de clase media no se compromete con nada porque está muy ocupado con sus juguetes nuevos o rumiando sus necesidades. Nunca antes se habían visto tantos carros importados en Venezuela. Para obtener un auto de lujo tiene que anotarse en una lista de espera, los concesionarios no se dan abasto ante la demanda de vehículos automotores. Carros, motos, lanchas, televisores de última tecnología, neveras de precios obscenos, cualquier cosa que usted se pueda imaginar ha sufrido un crecimiento abrupto en la demanda durante el gobierno revolucionario. Los dueños de los concesionarios ahora son ricos, los importadores de todo lo que sea nuevo, moderno y costoso, ahora son ricos.  La movilidad económica ha sido impresionante en estos años de dictadura de facto, porque en Venezuela no hay estado de derecho, ¡pero hay dinero en la calle!

Ese Chávez que todo venezolano lleva por dentro, hace que se actúe como si todo fuera gratis, regalando lo que no se tiene, prometiendo lo que se sabe imposible de cumplir. La clase media, para enfocarnos en alguien, gasta como si fueran ricos y famosos.  La clase media, digamos de los estratos C+ y B-, va a restaurantes y bares de moda, donde todo el mundo se viste como si estuviera uniformado para grabar un comercial para televisión de Hugo Boss o Calvin Klein.  La clase media bebe whisky, los nuevos ricos de clase media (no es un error, es que la clase media venezolana actúan como ricos y ahora hay nuevos de esos con más dinero) no se conforman con el whisky, van a los restaurantes y piden un escocés de 18 años con agua Perrier.  Hasta hace unos pocos años el venezolano apenas diferenciaba el agua de chorro del agua mineral, pero ahora bebe el whisky con agua Perrier, porque “puede” hacerlo.  Y ese puede va entre comillas por una sencilla razón: el flujo de caja proyectado del venezolano, es deficitario. En este momento tienen dinero, no saben hasta cuándo, pero no les importa.  Mientras se puedan dar un gustito se lo van a dar, el futuro –cree estúpidamente el venezolano- es una simple extensión del pasado; pero más estúpido aún es que el venezolano cree que es del pasado bueno, que la prosperidad es lo único posible en el horizonte.

El venezolano feo de clase media, actúa exactamente igual al presidente.  Derrochador, torpe e imprudente en el manejo de los recursos.  La clase media venezolana no ahorra, a pesar de saber que vive en un país donde la incertidumbre es la norma.  Eso sí, escuchan y ven cuanto programa de opinión está de moda, repiten lo que dicen los analistas invitados a los programas en cuestión y luego actúan como adolescentes que no tienen conciencia acerca de su entorno.  Por eso los restaurantes de moda siempre están llenos a reventar, por eso en las colas de los supermercados se ven desfilar toneladas de bebidas alcohólicas todos los fines de semana, por eso se gasta tanto dinero en carros, motos, cosméticos, zapatos, ropa y cirugías plásticas.  Así como Chávez, que derrocha el dinero de todos los venezolanos, los padres de la clase media fea gastan el dinero de sus familias en bienes de consumo superfluos: zapatos caros para los niños, viajes a Disney World, peluquería para las nenas, ropa nueva cada quincena o cualquier regalo, porque –piensan- a los niños hay que darles lo que nosotros no tuvimos, o un simple “yo no sé si el día de mañana pueda hacerlo, así que aprovecho ahora y les doy lo que quieran”.  Y eso sin contar que hay una impresionante cantidad de padres que viajan con los hijos en cada corte del año escolar y les compran la mejor ropa, los mejores bolsos y zapatos, llevan una vida de ricos y famosos, pero tienen deudas con el condominio o deben varios meses de matrícula en el colegio.  Eso pasa con frecuencia en Venezuela, y usted lo sabe, usted lo ha visto, lo ha escuchado, lo ha vivido, y también ha escuchado a esa gente quejarse del gobierno, hablar pestes de Chávez, maldecirlo cada vez que compromete el futuro del país con uno de esos gastos excesivos o uno de esos regalos exorbitantes a los recostados de los otros gobiernos latinoamericanos que lo apoyan… pero esa misma gente compromete el futuro de su familia para mantener un nivel de vida insostenible en el largo plazo, se endeudan para aparentar que tienen más de lo que realmente tienen, ostentando constantemente.

Un diplomático austriaco me comentaba en una oportunidad lo sorpresivo que le resultaba ver la facilidad con la que los venezolanos sacan la tarjeta de crédito.  Me decía que en Austria la gente no va a pagar los tragos de un jueves por la noche con la tarjeta de crédito, porque asumen que el dinero plástico es costoso y su uso sólo se justifica en ocasiones excepcionales, como un viaje, una salida de negocios o una verdadera emergencia, pero la gente no vive financiándose con la tarjeta de crédito.  Cierto o no, porque en realidad no sé cómo viven los austriacos, la observación es perfectamente lógica y nada aplicable al modo de vida de un venezolano promedio, que si no tiene dinero para salir un día cualquiera, es incapaz de negarse a la escapadita, el venezolano feo pagará con la tarjeta de crédito y después se las ingeniará para cancelar las cuotas de un consumo innecesario, pero ni de vaina deja de salir y mucho menos le va a decir a quien lo invitó que no tiene dinero.  ¡Eso jamás!  El venezolano se quejará de falta de dinero para pagar las cuotas del apartamento o el colegio de los hijos, pero ¿por una rumba?… primero muerto que bañado en sangre.

La clase media, la fea, la que lleva su Chávez interno, no estrecha vínculos con nada porque, aunque viva constantemente escupiendo improperios en contra del gobierno, está cómoda. Viajan, compran por internet, venden, importan, estrenan, hacen uso de los recursos que tienen para sacarle provecho a la situación mientras dure. Sospechan que en algún momento va a desaparecer esa aparente bonanza que está viviendo el país, porque lo leen en la prensa, porque –insisto en este punto- lo dicen los analistas invitados a los programas de opinión y esa gente tiene razón, porque “si apareces en Aló Ciudadano o en La Entrevista es porque sabes mucho y debes tener razón”. No obstante, el venezolano feo no actúa de corazón por la promoción de un cambio real porque en el fondo no quiere el cambio, porque está feliz con sus nuevas adquisiciones. Los venezolanos tienen un miedo terrible a perder esa aparente prosperidad que han logrado conseguir a través de un teléfono celular de última tecnología, o el aumento de busto, o el carro alemán, porque no tienen ni una remota idea cómo serán las cosas cuando se produzca el cambio que tanto repiten querer, y si les dicen “Chávez es un loco y hay que sacarlo”, van a decir “sí, ese loco de mierda hay que sacarlo, el país ya no aguanta”, pero ni siquiera es consciente del miedo que le produce un cambio real.  En realidad quieren un presidente que sea menos agresivo al hablar, que no se meta en tantos problemas a nivel internacional, pero que siga permitiendo el caos criollo.

Esos venezolanos feos de la clase media, hablan de la corrupción galopante que ha invadido todas las esferas de la vida pública venezolana.  Desde la aprobación de un crédito por parte de las instituciones financieras del Estado, hasta la obtención de un pasaporte, requiere de la contratación de un gestor, una persona con vínculos dentro del organismo al que se necesite recurrir para lograr un objetivo que suele tardar más por la vía legal.  Y los venezolanos feos están dispuestos a pagar lo que sea para tener lo que quieren en el menor tiempo posible y con el menor esfuerzo posible.

Los trámites para obtener el pasaporte siempre han sido engorrosos en Venezuela, pero con la llegada del chavismo los precios de la gestión han aumentado considerablemente.  Se supone que sólo basta pedir una cita a través de la página de internet de la Dirección de Extranjería, pero esto toma tiempo, la gente lo sabe porque vive en Venezuela, el país donde nada funciona y todo está bien.  Sin embargo, el venezolano feo espera hasta el último momento para empezar el trámite y se da por vencido al segundo intento.  Acto seguido, busca los servicios de un gestor que le cobra alrededor de quinientos dólares para conseguirle el documento en cuestión.  Por supuesto que, como buen venezolano feo, se va a quejar de la corrupción en el país, va a proferir cualquier cantidad de improperios en contra de la ineficiencia de los funcionarios públicos, de la burocracia, del chavismo, etc.  Pero, eso sí, jamás admitirá que gracias a su propia negligencia ha tenido que pagar y, mucho menos, reconocerá en sí mismo a un cómplice de la corrupción ¡porque, pobrecito, él tuvo la necesidad de hacerlo! Créame, cuando alguien le hace caer en cuenta de lo culpable que es de su situación, va a presenciar el muy personal “Aló presidente” de todo venezolano feo, la retahíla de excusas y las acusaciones a terceros. El venezolano feo nunca tiene responsabilidad sobre su realidad, menos aún sobre la realidad del país.

No hace falta decir que quejarse de todo forma parte del comportamiento estadísticamente normal del venezolano feo, porque sin importar que anden en una Hummer o tengan que tomar un autobús, más allá de la inversión en restaurantes y bebidas, la clase media venezolana habla mal del gobierno porque sería una raya no hacerlo, se desprestigiaría con los amigos, vecinos y familiares de oposición.  Es, incluso, capaz de tratar de convencer a un chavista de lo mal que está el país, pero hasta ahí, y dependiendo de cuán comprometido esté su bienestar con la posición de ese chavista. Porque si es un empleado, júrelo que ese venezolano feo va a ir con todo para tratar de convencerlo que renuncie al chavismo; pero si es un cliente que le compra cantidades importantes o es el jefe o un posible contacto importante, lo más probable es que usted escuche a ese venezolano feo de clase media diciendo “yo no me meto en política, yo lo que sé es que si no trabajo no como”.  ¿Le suena familiar?

EL VENEZOLANO FEO. SEGUNDA EDICIÓN AMPLIADA. 2011.