¿Celebremos pequeños triunfos? ¿Por qué aguar la fiesta democrática? Veamos pequeños detalles de nuestra realidad… sólo unos pocos.

El 12 de febrero de 2015 se realizó una marcha para recordar a las víctimas de un año sangriento, 2014, en el cual fueron asesinadas 43 personas en medio de las protestas contra el régimen de Maduro.

En lo que va de 2017, van 93 muertos en las protestas y la represión, el salvajismo y las violaciones a los derechos humanos han aumentado exponencialmente… Y van 100 días de protestas.

Sólo menciono dos años, recientes. Podríamos ver cuántos han sido los muertos desde la marcha del 11 de abril de 2002. ¿Acaso algo cambiaría? ¿Alguien recuerda a los muertos de la Plaza Altamira el 6 de diciembre de 2002? ¿Alguien recuerda a los muertos en el Paseo de Los Próceres el 3 de enero de 2003? ¿Alguien recuerda el puto símbolo de luto nacional en las pantallas de nuestros televisores durante tres meses entre diciembre de 2002 y febrero de 2003? ¡Oh, sí! En esa época también moría algún manifestante todos los días.

¿Recuerdan por qué jodimos tanto para recolectar las firmas para el referéndum revocatorio en el 2003? ¿Recuerdan la frase “el país no aguanta más”? ¡Joder! ¡Que el país ha aguantado 14 años de masacres! Mientras tanto…

Desde el 2002 estamos diciendo que somos mayoría, pero en las últimas elecciones presidenciales, en el año 2013, es decir, once años después de clamar al cielo y rasgarse las vestiduras diciendo que el país no aguanta más, apenas se logró un total de votos cercano al 50% de los electores.

Llegamos al 2017 con centenares de venezolanos muertos en manifestaciones políticas. Un país dividido, un país que se odia y quiere venganza, de un lado y del otro. La oposición organiza un evento democrático importantísimo, para que el mundo se de cuenta del rechazo que los ciudadanos profesan al régimen de Maduro; para que se entienda que no se puede seguir siendo indiferente ante la muerte de ciudadanos que están pidiendo una salida democrática a la crisis del país, pero no logramos llegar a 8 millones de votos.

Muchos opositores decían que superaríamos los diez millones, pero no fue así. Y puedo entender las complejidades inherentes a la organización de la consulta popular, dentro y fuera del país ¡pero no hay nada qué celebrar!

Leía a un amigo que publicaba la cifra de 2,7 millones de venezolanos fuera de Venezuela y, de ese total, sólo 700 mil votaron. Y aquí en Bogotá era una fiesta. ¿Tenemos algo qué celebrar? Hay más de 90 muertos en 100 días de protesta, repito la pregunta ¡¿tenemos algo qué celebrar?!

Llevamos 15 años celebrando pequeños triunfos. Así, como un niño con retardo a quien se le celebra el sólo hecho de no rendirse, los venezolanos celebramos todo como si fuera un gran triunfo.

Mientras las generaciones de 1928 y 1948, que se enfrentaron a las dictaduras de Juan Vicente Gómez y de Marcos Pérez Jiménez, dentro y fuera del país, se tomaron muy seriamente el trabajo de lograr la democracia, la generación de los 80 y 90 no hemos logrado pasar de la cancioncita ridícula “y va a caer/ y va a caer/ este gobierno va a caer”… más de quince años cantándola y no ha caído.

Pero queda la esperanza de esa nueva generación, a quienes no he visto celebrando en las redes sociales, que sí está poniéndole el pecho a la lucha por una democracia que no han conocido y que nosotros arruinamos con nuestra negligencia política.

Seamos serios, nosotros tenemos algo que ellos no tienen y que se va a necesitar cuando salgamos de la dictadura. Necesitamos elaborar un plan para recuperar al país, porque si lográramos llegar al poder ya, de seguro pasaría lo mismo que nos ocurrió el 12 de abril de 2002… el perro alcanzó el carro y no supo qué hacer con él.

Adriana Pedroza Ardila.