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Oct
14
2017

Caraqueñadas: Bodas en Caracas.

XXVIII. CARAQUEÑADAS: LAS BODAS.
 
 
Camila empezó a decir que no se iba a casar nunca desde que se graduó de ingeniero civil y empezó a trabajar para BIGOTT. Mi tía Alejandra estaba feliz de la independencia de su única hembra; mientras mi tío Oscar, hermano de mi mamá, vivía tratando de aparentar que no le molestaba que su hija no lograra tener una relación estable con un “buen muchacho”. Siempre encontraba la oportunidad de mostrarle la foto de Camila a todos los solteros con futuro financiero que conocía y se irritaba cuando ella se negaba a salir con los tipos que le cuadraba el papá.
 
Andrea pasaba buena parte de su vida criticando a Camila con mi mamá. Ellas piensan que la mujer debe casarse y formar una familia y, según su punto de vista, esa aparente rebeldía de Camila era una armadura para esconder su incapacidad de conquistar un buen partido. Andrea siempre fue la soltera más cotizada de su época. Salía con los solteros más cotizados y se daba el lujo de despreciarlos cuando dejaban de ser lo que ella esperaba que fueran.
 
Se dejaba conquistar como una princesa. Utilizaba a cada pobre tonto que se enamoraba de ella y luego los trataba con compasión, aunque no perdía la oportunidad de mostrar cada regalo costoso que recibía de sus admiradores. Era la envidia de sus amigas y siempre se ha sentido con el derecho de juzgar el comportamiento de todo el mundo. Su complejo de perfecta la hace detestable. Siempre tiene un consejo para todo el mundo y, lo peor es que, aparte de ser consejos inútiles, estúpidos y superficiales, cuando habla lo hace con una solemnidad digna de la realeza.
 
Provoca mandarla a callar pero, las pocas veces que alguien la ha confrontado, termina siendo señalado de maleducado y malagradecido. Se supone que todo el mundo debe recibir con agrado los consejos y la compasión de la princesa. Paty y yo siempre la hemos destrozado en privado, no la soportamos desde la adolescencia. Ella tampoco nos aprecia mucho, lo sabemos a pesar de sus abrazos falsos, de sus risas fingidas y de sus saludos ridículos… detesto que me diga hermanito.
 
Sin embargo, pese al desprecio que siente por Camila y por todo el que no viva la vida según las normas establecidas, cuando fuimos notificados que habría boda y la novia sería nuestra primita de veintiséis años, Andrea se hizo la mejor amiga de Camila. Nadie sabe tanto de eventos sociales como Andrea, nadie. Es lógico, no tiene más nada que hacer que planear cumpleaños, cenas, bautizos, quince años y bodas. Siempre ha hecho las más espectaculares fiestas de sociedad y todas las chicas que quieren ser como ella, tan exquisita, elegante y adorable, entonces recurren a ella para ver si aprenden algo. Camila no fue la excepción y Andrea no pudo sentirse más feliz de ayudar a su primita descarriada a tener la boda perfecta. Lo que no sabía Andrea cuando asumió el cargo, era que apenas tendría dos meses para hacer el trabajo, porque Camila tenía dos semanas de embarazo y nadie quería que la barriga se le notara en las fotos con el hermoso vestido blanco de Vera Wang. La boda se planificó para finales de agosto, de manera que sería posible invitar a todo el mundo y contar con la inasistencia de unos cuantos que ya tuviesen planificadas las vacaciones escolares.
 
La verdad es que Paty y yo nos divertimos mucho con todo eso. Casi lamentábamos que hubiese llegado el día, porque sin otro evento social importante Andrea fijaría su atención en “unir a la familia”, su otra gran preocupación.
 
Dada la importancia del evento, allí estábamos todos en la Iglesia, presenciando la ceremonia. Llovían los smoking, los vestidos de firma, los autos europeos, los diamantes y, sobre todo, la envidia de las solteras que aún no lograban cazar una presa valiosa que les brindara la oportunidad de ser el centro de atención en una iglesia, delante de las celebridades de la vida social caraqueña. Los solteros no suelen asistir a la ceremonia eclesiástica, a menos que sean familiares cercanos a los novios o estén en el cortejo. Esta es otra de las grandes oportunidades de las solteras para hacerse notar.
 
Ningún hombre que se precie de serlo sentirá algún tipo de emoción al ser elegido dentro del grupo de amigos para ser parte del cortejo; mientras que las mujeres se sienten bendecidas al recibir la noticia de que podrán caminar del brazo de algún amigo soltero del novio por el pasillo de la iglesia… nunca se sabe si esa sea su único chance.
 
Yo fui con María Consuelo, a quien no le era posible disimular la emoción de llegar a una iglesia guindada de mi brazo y saludar a las señoras del club, a las amigas celosas y a toda mi familia. Antes de tener un mes saliendo, María Consuelo me hizo saber que ella quería ser presentada como “mi novia”… el día que yo presente a una mujer como mi novia será mejor que me peguen un tiro y se aseguren que mi corazón deje de latir, porque lo más probable es que me hayan secuestrado unos extraterrestres y un algún alienígena se haya apoderado de mi cuerpo. Eso de presentar a una mujer como “mi novia”, me parece una de las cosas más despectivas que hay. Esa mujer tiene nombre y apellido, tiene personalidad propia, identidad propia, vida propia… pero a las mujeres les encanta perder todo eso para ser “mi novia”. Ni siquiera a mi ex la presenté nunca como mi novia y si la llegué a presentar como mi esposa, fue porque algunos cabrones pensaban que era mi amante.
 
A pesar de que el comportamiento en público le hará saber a todos los presentes que entre esa mujer y yo hay una relación, ellas prefieren que uno las orine y marque el territorio de entrada, para que todo el mundo sepa que la cosa que vino conmigo, que está guindada de mi brazo, me dice mi amor, me persigue a todas partes y se va conmigo, es algo para mí. Además, detesto que me presenten como “mi novio”. Ojalá alguna mujer me presentara como “el que me está cogiendo”. Sería genial… eso sí sería personalidad. Seguramente me sonrojaría, pero sería digno de una mujer que sabe donde está parada. Yo sigo presentando a María Consuelo por su nombre y ella me sigue presentando como su novio, esto último es inevitable. Es imposible decirle a una mujer “no me presentes como tu novio”, totalmente imposible… a menos que se esté dispuesto a tener un conflicto de magnitudes inimaginables o el tipo sea demasiado patán.
 
Sin importar lo bella que se veía la novia, lo perfectamente adornada que estaba la iglesia, lo lindo del cortejo y la impecable interpretación del Ave María, el centro de atención de la ceremonia fue el Dr. Blanco, que estaba recién separado de la esposa y se presentó con su nueva novia, una chica de veinte años que –según comentan por ahí- sacó de algún pueblito del interior del país.
 
Las malas lenguas dicen que él fue a inaugurar un ambulatorio que llevaba su nombre y conoció a la chica, estudiante de enfermería, la acogió bajo su protección y se la trajo a Caracas. Los padres estaban felices de que su hija hubiese encontrado un mentor y no pusieron ningún tipo de resistencia a la propuesta del Dr. Blanco de llevársela con apenas dieciocho años. No preguntaron dónde viviría, ni de qué viviría. Supuestamente él era como un padre… yo conozco bien esas historias de “como un padre”… Dos años más tarde, el matrimonio de treintaitrés años del Dr. Blanco llegaba a su fin. Algunas personas dicen haber escuchado que la chica le dijo en un restaurant de lujo que no se iba a seguir soportando que él le siguiera pasando dinero a la ex esposa y a los hijos, que ya estaban bien grandes para ganarse su dinero y mantenerse solos. La muchachita quería todo el dinero del viejo para ella sola, no estaba dispuesta a compartirlo con la mujer con la que él había compartido toda una vida, ni con los herederos legítimos. Obviamente, al verla en la iglesia, de brazos del Dr. Blanco, sabiendo que la ex señora de Blanco estaría al menos en la recepción… ¿de qué otra cosa se podría hablar? La mujercita esa, la bichita, la perrita, o cualquier otro calificativo peyorativo que pueda usarse contra una mujer, fue el centro de los comentarios de todos los presentes… en la casa de Dios.
 
Esas historias no son nuevas, pero no dejan de sorprender. Nunca he entendido cómo alguien sensato deja a su mujer por otra que podría ser la hija y que lo único que quiere es el dinero del hombre, porque eso es demasiado obvio para no notarlo. Yo estoy de acuerdo en que se la coja, disfrute su barranco, le dé regalos y se quede con su esposa. Es muy feo estar en boca de todo el mundo. Para algo se inventaron los cachos. Si está cansado de la mujer con la que tiene más de tres décadas casado y se quiere divorciar, al menos que salga públicamente con una mujer que no sea tildada de perrita de barrio, de bichita o… eso es muy feo. Por supuesto, María Consuelo no dejaba de hacer algún comentario venenoso con Andrea y mi mamá. Hasta Paty se les unió. Andrés, mi papá y yo también disfrutábamos del chisme. El que crea que los hombres no disfrutan el dulce ejercicio de hablar mal del prójimo nunca ha estado entre hombres. También nos destrozamos entre nosotros y lo gozamos tanto como hablar de un partido de fútbol. La diferencia es que queda ahí y, después de la sesión de chisme, no se toca más el tema.
 
Al terminar la ceremonia, todos salimos en caravana desde la Iglesia Don Bosco hasta el Centro de Arte La Estancia tocando la bocina. En la punta de la caravana estaban los novios en un auto antiguo, descapotado, donde Camila podía saludar cual reina de belleza a todos los mortales que paseaban por la calle. Algunos conductores se unían espontáneamente al toque de bocina y saludaban a los novios. Los transeúntes se detenían a ver a la pareja como si nunca en sus vidas hubiesen presenciado una novia vestida de blanco en un auto antiguo descapotado saludando a los mortales. Así es Venezuela… ¡tan rural en algunas cosas y tan urbana en otras!
 
Llegamos al Centro de Arte La Estancia. La familia y los amigos más cercanos teníamos las mejores mesas. Después del saludo a la recién casada parejita, comenzó a sonar el vals más pavoso de la historia de la humanidad, El Danubio Azul de Strauss. El vals de todas las bodas y los quince años, sin importar el apellido de los novios o de la quinceañera. Más popular que una cachapa con queso de mano, que el mismísimo tequeño o el Alma Llanera, Strauss ha logrado lo que ningún Maestro de la música Clásica soñó posible, aunque nadie sepa su nombre, suena en todas las fiestas, que son o aspiran ser, elegantes. Cumplido el ritual del vals, comenzó el set de música para viejos, encabezado por una selección de La Billo´s, Los Melódicos y todo eso que bailan los que pasan de cincuenta. Mis padres estaban disfrutando de la fiesta como si no existiera ninguna razón para no hacerlo. Parecían la pareja perfecta, la que todo matrimonio joven quisiera imitar. A pesar de lo ocurrido, de los secretos descubiertos, de las mentiras de décadas, los viejos bailaban al son de Santa Marta, Barranquilla y Cartagena como si estuvieran en pleno cortejo.
 
Mientras tanto, trago en mano, uno busca en su archivo mental el nombre de todos los personajes con los que aún no existen vínculos de negocios. Siempre hay alguien nuevo a quien se le puede caer en una boda. Y exactamente lo mismo que hago yo, lo hacen todos. Muchas personas vienen a saludarme, se acercan a quienes están cerca de mí y buscan ser introducidos. No en pocas oportunidades me he ido antes de que logren su cometido… por pura maldad, nada más para ver cómo hacen para lograr conocerme.
 
Pero nunca se sabe cuando en medio de una conversación importante, comienzan las fotos. Ya los fotógrafos no hayan en que nueva pose tonta colocar a los novios y tanto la familia como los amigos, tenemos que sonreír y posar.
 
Sin importar cuánto caviar, cangrejo, langostino o exquisitez cualquiera que ofrezcan los mesoneros, la salida de los tequeños se convierte en el momento más esperado de cualquier fiesta venezolana. He conocido decenas de personas que emigran y sufren la ausencia del tequeño, patrimonio culinario de estas tierras, en las recepciones del país de destino. He visto señoras muy elegantes perseguir con angustia al mesonero que lleva la bandeja de tequeños, he visto empresarios, industriales y banqueros, agarrar de tres y cuatro tequeños, porque saben que la bandeja llegará vacía la siguiente vez que pase por ahí. Definitivamente, el que inventó el tequeño es un verdadero genio de la cocina nacional.
 
Seguido del set de música para viejos, viene el set de música electrónica. Todos los veinteañeros salen a moverse en el centro de la pista, mientras que los adultos contemporáneos nos reunimos a hablar de negocios. Las mujeres aprovechan la selección musical para poner un pie en la pista y bailar en grupo. Algunas se quedan en la zona de las mesas para hacerse notar por el espécimen que llama su atención, porque en las bodas sólo bastan cinco minutos para que las mujeres sepan cuál es el hombre de su vida. Si logran hablar con él y resulta ser soltero, lo llenan de cualidades que uno nunca logra comprender de dónde las sacaron y, como ya tienen el smoking, no hace falta un gran ejercicio de imaginación para visualizarlo con cara de pendejo esperándola al pie del altar. Por eso los solteros van a las bodas, no hay ningún otro evento social que ofrezca más oportunidades de sexo. Hay demasiadas mujeres desesperadas, que ven pasar el tren más rápido de lo que en realidad pasa y socializan con cualquiera que las pueda sacar de su triste estado de soltería. En ninguna otra ocasión las mujeres se sienten peor por ser solteras… y, seamos honestos, uno se aprovecha de eso cuando es joven. A mi edad, al menos a mí, me aburren las mujeres desesperadas.
 
Cuando por fin el DJ tiene misericordia con los adultos y ponen un set de merengue que siempre comienza con los grandes éxitos de Juan Luis Guerra, Wilfrido Vargas, Las Chicas del Can y Diveana, uno, treintón pisando los cuarenta, se decide a mover el culo y saca a bailar a la chica que tiene al lado. No todos. Aparte de Marcial, Eduardo y yo, ninguno de mis amigos baila. Bailaban cuando estábamos en la universidad e incluso cuando se querían acercar a una chica; pero después de casados parece que decidieron que eso de bailar no es cosa de gente seria. Yo disfruto bailar y lo hago muy bien, como todo. Bailo merengue y salsa, a veces reggeaton a pesar de que lo odio, trato de mantenerme en movimiento, eso no le hace daño a nadie.
 
Para sorpresa del público, en medio del set de merengue salió Juan Luis Guerra y 440. Siempre hay un grupo en vivo, pero esto ya era una exageración. Hay que admitir que, si fue idea de Andrea, se lució.
 
Por desgracia, al terminar la presentación de Juan Luis Guerra, vino el set de reggeaton a joderle la vida a todos los que tenemos un poquito de oído musical. Después de ver al maestro Juan Luis Guerra yo no podía bailar esa mierda y María Consuelo se sintió ofendida porque la dejé sola. Bailó con uno de mis primos y no me agradó la forma tan erótica en que se movían, pero yo estaba ocupado tratando de conocer a Juan Luis Guerra. Tenía ganas de decirle que era un gran fanático de toda la vida, pero ni de vaina voy a decirle eso… en estos momentos me encantaría tener a Caterina Ivanova al lado, ella sabría perfectamente todo. Eso es lo bueno de tener una mujer contemporánea con uno, saben apreciar estas cosas. Me presentaron al tipo y fugazmente intercambié un par de palabras con él. Se fue y listo, se acabó la emoción juvenil.
 
Mientras seguía sonando la porquería esa que llaman música, salí a fumar un habano con unos sujetos. Uno de ellos, urólogo, se alejó para atender una llamada. Al rato volvió y su cara revelaba que se acababa de enterar de algo demasiado cómico y, por fortuna para nosotros, y por desgracia para el implicado, lo compartió.
 
Quien llamó era un amigo del urólogo, que estaba en medio de una tragedia y requería su consejo como profesional. Al parecer, la chica con la que estaba le introdujo un dedo por donde no se debe dejar entrar nada y una uña postiza se le quedó dentro del orificio. Aunque a mí me digan que eso es muy sabroso y traten de convencerme con el cuento de las terminaciones nerviosas que hay alrededor del ano… ¡ni de vaina me dejo meter un dedo por ahí! Ya demasiado ha logrado Caterina Ivanova con pasarme la lengua… y yo sé que ella está loca por espuelearme, pero se tendrá que conformar con darme el beso negro, porque el culo de un hombre es sagrado. Tal vez sea muy sabroso, porque el beso negro lo es… pero permitir un dedo no titulado para entrar por detrás ¡Jamás!
 
Ahí estaba el amigo del urólogo, siendo el objeto de burla de un grupo de machos vernáculos que, seguramente más de uno, habrá tenido más que un dedo atravesado en la zona de “sólo salida”. Cuando le preguntaron “¿y qué le dijiste?” el tipo sonrió y nos dijo “caballeros, sólo hay dos salidas, una rápida que requiere mucho temple, y una lenta que requiere paciencia”.
 
La rápida consistía en ir a un centro médico a que un especialista extrajera el objeto extraño del lugar en que estaba estancado. Yo no conozco a ningún hombre que tenga las bolas suficientes para ir a urgencias de una clínica a decir que tiene una uña postiza estancada en el ano y que necesita que un médico le extraiga el objeto en cuestión; por lo tanto, esa opción queda descartada para cualquier hombre.
 
La segunda salida era tomar un laxante muy fuerte y esperar que la naturaleza hiciera su trabajo, lo cual puede tomarse más tiempo del que uno quisiera tolerar con una uña postiza atravesada en medio del culo… pero al menos no se pierde la dignidad públicamente. Lo más cómico de todo lo que nos contó el tipo, es que mientras hablaba con su amigo que estaba desesperado por remediar su situación, escuchaba la voz de la mujer que le reclamaba que ella quería acabar, que quería seguir. Es decir, en medio de toda la tragedia del hombre, la mujer sólo pensaba en su propia satisfacción… ¡que desgraciada! Después se quejan de que no las vuelven a llamar.
 
 
Sirvieron la cena y me senté junto al resto de mi familia a comer y conversar. Contesté las preguntas que me hacían, me mostraba interesado en las historias de mis tíos, mis padres y mis hermanos y primos. Nunca, nunca, nunca falta algún huevón que pregunte “¿y tú cuándo te casas?” Hay que ser justos, casi siempre es una huevona y casi siempre es una tía sin oficio que, por lo patética que es su vida, no tiene nada mejor que hacer que meterse en la vida de los demás. Por fortuna, mi trabajo me consume tanto tiempo que siempre me sirve como escudo para responder cualquier pregunta impertinente. Es mejor decir que no puedo pensar en casarme en estos momentos que tengo tanto trabajo, a decir que no me caso porque no me da la gana, porque no me quiero casar, porque no conozco ninguna mujer que me guste lo suficiente como para casarme (teniendo a mi noviecita al lado). Por supuesto, María Consuelo mira su plato como si ella no se viera afectada con la respuesta, a pesar de que todas las miradas la apuntan en ese momento.
 
Por alguna extraña razón, la mejor música suelen ponerla cuando uno está comiendo. Sonaron varias canciones que me hubiese encantado bailar mientras estaba comiendo. Además, en el buffet, hay que ser discreto al momento de aceptar la cantidad de comida que los mesoneros sirven. Por muy buena que esté la comida, la ración no debe ser muy grande. Yo tenía ganas de repetir, pero me contuve.
 
En la sobremesa, todo el mundo felicitaba a Andrea por el gran trabajo que había hecho. Ella aceptaba las palabras de agradecimiento de parte de los padres de los novios y de los familiares cercanos, con una humildad tan falsa que provocaba lanzarle una copa de champagne en la cara. Oportunamente mi primo Felipe interrumpió la ola de felicitaciones de Andrea y nos contó que estaba a punto de cambiarse de trabajo. Trabaja para la Johnson &Johnson y fue contactado por un head-hunter para trabajar en una empresa cuyo nombre no quiso revelar. Lo que lo tenía molesto era que le estaban pidiendo la partida de nacimiento vigente. Así mismo, partida de nacimiento vigente. Hasta entonces yo no sabía que en este país se vencen las partidas de nacimiento. La conversación giró en torno a lo absurdo del tema. ¿Acaso es posible que los datos que contiene una partida de nacimiento cambien? Pues parece que en Venezuela sí, porque aquí solicitan la partida de nacimiento con menos de seis meses de expedida.
 
Y en medio del tema, un amigo cercano de la familia, nativo de Inglaterra, nos preguntó ¿por qué en Venezuela las distancias se dan en horas y no en kilómetros? Ninguno entendió la pregunta hasta que nos explicó que cada vez que preguntaba cuánto hay de Caracas a Valencia, por ejemplo, o del aeropuerto a la ciudad, le respondían “depende”. Cualquier ciudadano de un país civilizado, ante semejante respuesta, quedará confundido ¿cómo que depende? La distancia entre dos puntos no depende de nada, según los habitantes de los países desarrollados. Pero en el tercer mundo, las distancias dependen del tráfico, de la hora y de la posibilidad de que algún personaje del gobierno esté pasando por el sitio y tranquen el tráfico para que el tipo pase sin problema. Por eso, mi pobre amigo Thomas, recibía como respuesta a sus preguntas acerca de distancias un número de horas y una aclaratoria. Dos horas si no hay cola, media hora si no hay cola y así. Para nosotros es normal, pero cuando se ve el caos desde afuera, uno no sabe si reírse o preocuparse por lo patético que somos en este país.
 
 
Pusieron música setentosa y no pude evitar pensar en Caterina Ivanova… me encantaría que estuviera aquí para bailar con ella. Pero a falta de mi loca, me tocó bailar con María Consuelo. La pista se llenó de gente, prevaleciendo los que siendo jóvenes habían gozado los setenta. Siempre hay más mujeres dispuestas a bailar que hombres. En mi época uno salía a buscar chicas para bailar, pero ahora, esta nueva generación de hombres, se quedan sentados hablando de negocios y haciéndose los importantes, mientras las mujeres se vuelven locas bailando entre ellas para llamar su atención. Por eso las mujeres siempre buscan algún amigo que las acompañe a las bodas, a menos que vayan con un grupo muy grande de gente conocida. No hay peor tragedia para una mujer que verse sola en una boda…es deprimente.
 
Entre uno y otro whisky, acompañado con charla política y de negocios, empezó el show de la noche. Hace unos años era un grupo de tambores que entraba con una caravana de negras sabrosotas moviéndose al ritmo de la percusión y deleitando a todos los hombres y las lesbianas presentes. Ahora la nota es un o varias tipas bailando música árabe. Lo que se mantiene es que el espectáculo es para el deleite de los hombres y de las lesbianas. El pobre novio siempre tiene que tratar de disimular para poder mirar las curvas de la o las bailarinas, esa es la primera prueba del matrimonio, tener que mirar a una mujer que le despierta pensamientos libidinosos, con las esposa al lado, sin hacerla arrechar.
 
Luego viene el cotillón. Esa es la parte que más le gusta a la plebe y la que yo más detesto. Empieza la repartición de máscaras, sombreros y pitos, todo el mundo se reúne en la pista a bailar como loco, sueltan papelillos y serpentinas. Bajan las luces, hacen el trencito y halan a cuanto pobre pendejo se encuentren en el camino. En más de una ocasión me han agarrado mis partes privadas y no ha sido la mujer con la que ando. Todo el mundo se aglomera en la pista y hace como si se estuviera divirtiendo. No sé cuántos en realidad disfrutarán el desorden, pero yo no lo disfruto… aunque siempre salgo bien en las fotos.
 
La mayoría de las veces los novios se van a las dos o tres de la mañana, pero mi prima y su víctima se quedaron hasta las seis. Yo huí a las tres con María Consuelo. Tuvimos sexo, la pasamos bien en la cama y, cuando yo pensaba que se había terminado la velada, me preguntó si yo me pensaba volver a casar algún día.
 
Pongámonos en la situación. Uno, desnudo, medio ebrio, cansado por la fiesta y el round de sexo, es interrogado a las cuatro de la mañana acerca de la posibilidad del matrimonio. Cualquier hombre, en esas circunstancias, va a mentir. Le dije que por supuesto que me pensaba a casar de nuevo, porque me encanta el matrimonio; pero que tenía que esperar a que las cosas en la oficina se calmaran un poco, porque el exceso de trabajo me estaba volviendo loco. Todo esto, abrazándola y acariciándole el cabello. Le dije que yo me sentía muy afortunado de tenerla a mi lado y que no la merecía. Yo no sé por qué a las mujeres les encanta que uno les diga “no te merezco”. ¡Coño! Cuando un hombre dice esa mierda es porque está pensando “búscate otro huevón, porque conmigo no te vas a casar”.
 
¿Cuándo las mujeres van a aprender a leer las señales de los hombres? Es simple. Si uno se quisiera casar, se casa y punto, porque ellas están desesperadas por ser desposadas. Yo creo que sólo un 3%, o quizá 5%, de los hombres, están desesperados por casarse. Pero las mujeres, alrededor de los veinticinco, comienzan a verse como futuras esposas o solteronas. El resultado de ello es un insoportable acoso al pobre pendejo que tengan a su lado que termina por hacerlo correr a los brazos de cualquier loquita que esté dispuesta a tener sexo sin compromiso. Claro que también la loquita se transforma en un monstruo que, más tarde o más temprano, comienza a preguntar “papi ¿tú me quieres?”.
 
No obstante… hay que admitir que eso de ser objeto sexual está bien cuando uno tiene veintidós o veintitrés años, si es que está bien alguna vez. Porque a uno le encanta que la mujer que tiene al lado esté enamoradita y babeada por uno… porque, por ejemplo, ahí está Caterina Ivanova. A veces me molesta sentir que ella puede mandarme de paseo en cualquier momento. Yo no siento que ella esté enamorada de mí, ni siquiera que vaya a dejar pasar la oportunidad de estar con otro tipo si le provoca. No es como las otras, que se mueren por casarse conmigo. Ella no… yo no sé si me extraña, si sueña conmigo, si sólo se hace la dura… no sé qué pasa por su cabeza loca. Estoy casi convencido de que va a terminar enamorada de mí, pero me ha costado hacerle falta. Yo quisiera que estuviera loca por mí, pero que no se pusiera fastidiosa… ¿eso será posible?
 
 
MIS ÚLTIMOS 365 DÍAS. PARTE VIII. CAPÍTULO XXVIII.