Las sociedades débiles están formadas por individuos fracasados, incapaces de transformar los errores en experiencias valiosas para el cambio. En 1993, en la UCAB, la Sociedad Civil venezolana celebraba su Primer Encuentro Nacional. Después de dos intentos de golpe de Estado, el país necesitaba repensarse, rediseñarse y, sobre todo, reconciliarse con la idea de democracia y libertad. Han transcurrido dieciocho años desde aquellos días y, haciendo la tarea de leer nuevamente los acuerdos y las ponencias presentadas, es difícil no sentir una tristeza profunda por lo que es hoy Venezuela como sociedad.

Juntos habíamos trazado, no uno, sino varios caminos alternativos; pero, como sociedad, decidimos que mejor nos lanzábamos por un barranco y mandábamos a la porra los logros alcanzados en más de 40 años de democracia. Y nadie puede, nadie tiene derecho a declararse inocente en este punto, porque toda la Sociedad Civil estuvo invitada al Encuentro y una amplísima variedad de grupos sociales asistieron y expresaron sus puntos de vista. Hay que recordar que no sólo los Grandes Ligas del sector bancario, empresarial, político y de medios tuvieron la oportunidad de exponer sus ideas para reconstruir al país, cualquier mortal con disposición a la contribución tuvo la oportunidad de publicar sus ideas en el libro publicado al año siguiente. Quien quiso opinar, quien quiso contribuir y cambiar el rumbo que estaba tomando el país, tuvo la oportunidad de hacerlo.

No obstante, a casi dos décadas de dicho evento, el país se encuentra inmerso en la más profunda crisis jamás vivida en la historia de la democracia. Si en 1993, en el marco de unas elecciones presidenciales por venir y dos intentos de golpes de Estado en el año anterior, nos preocupamos por crear espacios para discutir cuáles eran las nuevas opciones de cambio, imperantes para retomar el curso de la democracia en el país; ahora, 2011 y 2012, con elecciones presidenciales en el panorama y en medio de condiciones que a veces lucen poco propicias para el diálogo, la Sociedad Civil venezolana necesita volver a dialogar, buscar espacios entre los escombros del estado de derecho para sentarse a pensar y discutir cómo podemos salir juntos de la crisis.

No hay lugar a dudas, el escenario es menos amable para el diálogo en este momento que hace 18 años, pero si la historia le ha dado a un país la oportunidad de demostrar que no acepta el fracaso como destino, ese momento es ahora y ese país es Venezuela. Cueste lo que cueste la Sociedad Civil venezolana necesita un Segundo Encuentro Nacional, necesitamos que todos participen y que –demostrando que somos capaces de aprender de nuestros errores- esta vez se tomen en serio las propuestas por quienes liderarán el proceso de cambio el periodo constitucional por venir.

Adriana Pedroza

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