Articulo Original
Publicado en El Universal / Estampas (2 noviembre 2008)

La autora de la novela Sí, papi y su secuela Sí, mamí desnudó con humor desenfadado los prejuicios del hombre y la mujer venezolanos a través de estos libros. Sin embargo, precisamente por un prejuicio hasta hoy no había confesado su gusto por cierta música “pavosa”, como ella misma la define. “Usualmente en la baticueva (mi casa) tengo música académica las 24 horas del día, pero de vez en cuando -sobre todo cuando estoy harta del trabajo intelectual y me da por cachifear o necesito mover el cuerpo porque siento la silla pegada a la cola- pongo música ridícula, léase: Menudo, Fey, Flans, Thalía, Shakira, etcétera. Te confieso que un día me detuve a pensar ¿qué pasaría si me muero en este instante? Imaginé a los bomberos entrando a la baticueva, y en vez de estar sonando Tanhäuser de Wagner, la Quinta de Beethoven o el Réquiem de Mozart, el soundtrack de mi muerte sería Ricky Martin. En mi velorio, la gente extrañada comentaría que cuando los bomberos entraron a la baticueva a sacar el cuerpo sonaba La copa de la vida. Definitivamente no descansaría en paz”.

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