Hace tiempo se está diciendo que en Venezuela no existe estado de derecho. Las violaciones a la constitución nacional son cada vez más evidentes, frecuentes y duras. La persecución política es más descarada cada día, pero no hay ningún tipo de reacción en la gran masa llamada pueblo.

El viernes 3 de abril se sentenció a 30 años de prisión a un grupo de venezolanos que prestaban sus servicios a la Policía Metropolitana el 11 de abril de 2002. Estos ex policías cumplieron su deber, arriesgaron sus vidas para salvar las de los venezolanos que estaban marchando en los alrededores del palacio presidencial, no nos dejaron solos y ahora la sociedad venezolana los abandona, esa misma sociedad que lleva diez años clamando por un líder que se le enfrente a Chávez con posibilidades de ganar, la sociedad que es incapaz de ver y valorar los pequeños liderazgos que surgen en los diferentes contextos, en las diferentes organizaciones, en la calle, en las empresas, en cualquier parte; porque la inmadura sociedad venezolana no quiere un líder, quiere un Mesías y un Cristo, alguien dispuesto a morir abandonado por una causa ajena, mientras los otros le dan la espalda, lo niegan y lo desprecian.

Una mujer que se adjudicó la representación de las víctimas del 11 de abril dice a los medios de comunicación que finalmente se hizo justicia. Así como los fariseos compraron la conciencia de aquel primitivo pueblo hebreo para condenar a Jesús a la cruz, el chavismo se vale de la explotación de las más bajas pasiones humanas para sacrificar a quienes sea necesario a fin de demostrar su poder, para intimidar, para humillar.

La oposición venezolana quiere líderes ¿para qué? ¿para abandonarlos? ¿para darles apoyo en las buenas y dejarlos solos en las malas? Por una parte tenemos a Manuel Rosales, hoy perseguido político, por otro lado está Antonio Ledezma, a quien la Asamblea Nacional pretende despojarlo de su cargo de Alcalde Mayor aprobando un cargo por encima del suyo. Lorenzo Mendoza, como presidente de Empresas Polar, es constantemente amenazado por el gobierno; José María Nogueroles, banquero, también está en la mira de la justicia revolucionaria. La periodista Beatriz Adrián es amenazada por la presidenta de la Asamblea Nacional… Todos estos ciudadanos son un pequeño puñado de ejemplos de venezolanos que han ejercido un liderazgo en la sociedad, se han arriesgado haciendo su trabajo y ahora son perseguidos o amenazados por el régimen ¿y quién hace algo? ¿por qué la apatía? ¿acaso a nadie le importa el destino de estas personas? ¡Que pregunta tan absurda, por supuesto que la respuesta es NO!

El ex Ministro de Defensa es perseguido por quienes, antaño, le dieron el cargo y le hicieron saborear las mieles del poder. Las razones de forma por las cuales quiere juzgarlo el régimen no tienen importancia, se sabe que es un cobro de factura política y la única razón por la que la sociedad venezolana debe procurar apoyo al general Lucas Rincón es para que sea juzgado y condenado bajo un régimen de libertad, cuando se recupere la democracia. Ningún chavista arrepentido deberá ser absuelto de sus crímenes, pero no debemos permitir que sea la justicia revolucionaria quien los juzgue, porque estos criminales tendrán que rendirnos cuentas a nosotros, no a Chávez.

Es absolutamente innecesario que se diga a los venezolanos que estamos viviendo una dictadura de facto. Se sabe que es una dictadura, aun cuando la elección del dictador haya sido “democrática”. No hubo un golpe de Estado, se le preguntó a los venezolanos si querían perder su libertad y la mayoría respondió afirmativamente; se votó por los esbirros del régimen que levantarían la prisión legal y elegirían a los jueces más corruptos. El venezolano eligió, por mayoría, perder la libertad y por mucho que se queje la libertad no regresará sola.

No hay marcha atrás, no hay salidas pacíficas, no habrá salidas democráticas, porque el venezolano renunció a todo eso por un blackberry, un carro nuevo o un cargo en el gobierno. Ya no hace falta decir que el problema no es Chávez, se sabe que el problema es la materia prima del país, los venezolanos, que renunciaron a ser ciudadanos para conformarse con ser habitantes de un país supuestamente rico, habitantes que esperan su salpicada de petróleo para acumular las muchas o pocas cosas que puedan acumular. El venezolano renunció y le cedió todo el poder a un tirano, que hará lo que le de la gana con los habitantes de ese país, porque él los compró y son suyos. Pero en el momento que un habitante tenga deseos contrarios a los de su dueño, el tirano activará toda la maquinaria jurídica que los habitantes le permitieron construir para su uso personal.

La democracia en Venezuela se perdió, cosa que a pocos interesa. Sin embargo, pocos ciudadanos útiles es mejor que una masa de habitantes inútiles, y esa es la materia prima que tenemos que conservar para hacer el cambio, porque el cambio va a venir y no va a ser la plebe quien lo impulse. Y Yo espero que Iván Simonovis, Lázaro Forero, Henrry Vivas y los otros funcionarios de la Policía Metropolitana que injustamente fueron sentenciados a prisión, puedan vivir lo suficiente para disfrutar de nuevo la libertad que perdieron por nosotros.

Adriana Pedroza 8/04/2009

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