Si bien es cierto que desde el nacimiento mismo de la Quinta República Venezuela ha sufrido cambios drásticos en las bases de la sociedad, no menos cierto es que el venezolano no había demostrado la madurez política necesaria para hacer frente a los cambios suscitados.  Hasta hace poco menos de dos años, lo que se produjo en la sociedad y en cada individuo, fueron reacciones sin consecuencias estructurales; nada que moviera el piso sobre el que está levantándose la revolución.

Al venezolano común no lo estaban metiendo preso, le estaban levantando los muros de la prisión institucional a su alrededor y, pese a ello, no se producían más que insignificantes protestas de algunos grupos más o menos organizados.  No existía un compromiso real de la sociedad civil.  La iglesia decía algunas cosas, los medios transmitían opiniones de “expertos” en algo para hacerle ver a la gente que estábamos hasta el cuello con los cambios que estaba implantando el gobierno, pero el pueblo no reaccionaba.  Y no me refiero al pueblo de alpargata y pantalón caqui, al campesino o al venezolano sin estudios.  Tampoco los profesionales de clase media, los empresarios, los estudiantes, estaban interesados en analizar cuál era el rol que la historia demandaba para ellos en esos momentos críticos, que empezaron –como ya mencioné- desde el ascenso al poder de Hugo Chávez.

Tengo un ejemplo cercano.  Una amiga abogado, brillante según tengo entendido, siempre cuestionaba cuanto recurso contra alguna barbaridad chavista se interponía en el Tribunal Supremo de Justicia.  Ella, al ver los noticieros, decía las razones por las cuales no prosperaría el esfuerzo de esos abogados que se animaron a hacer algo.  Siempre tenía razón.  Cuando es esos mismos noticieros anunciaban que determinado recurso de amparo fue declarado sin lugar, decía que esos tipos –los abogados que redactaron el documento- eran unos huevones.  Así, todo el mundo es un huevón, no saben hacer las cosas y el consabido “por eso es que estamos jodidos en este país”.  Pero ella, con toda su brillantez y toda su sabiduría, nunca hizo nada.  Criticó hasta el hastío a quienes lo intentaban y fracasaban, sabiendo de antemano por qué fracasarían… ¡y los huevones son los otros!

Así nos levantaron la prisión institucional.  Así se aprobaron leyes tras leyes que atentaban contra la libertad individual de los venezolanos y la mayoría calló.  Quienes intentaron hacer algo fracasaron por desconocimiento o torpeza, quienes sabían la forma correcta de hacerlo se limitaban a criticar desde las gradas.  ¿Quién es más huevón?  Al menos algunos hicieron un esfuerzo, por lo menos hubo venezolanos bonitos que decidieron levantarse de sus asientos y meterse al ruedo.  La mayoría, los venezolanos feos, se quedaron viendo cómo los destrozaban los leones del circo romano en que se ha convertido la justicia venezolana.

Por fortuna para el desarrollo de la historia de Venezuela, el gobierno de Chávez cometió un error de magnitudes bíblicas, cuyas consecuencias finales están por verse y son impredecibles aún hoy.  La revocación de la licencia de la televisora Radio Caracas Televisión (RCTV) fue el inicio de una serie de acontecimientos políticos que llevaron al fracaso en las urnas al chavismo y su reforma constitucional.

Pero, pongamos en contexto este hecho histórico, porque no ocurrió de golpe, los medios en Venezuela también tienen su historia con la revolución.

Casi desde su arribo al poder, Hugo Chávez volvió su ira patológica contra los medios de comunicación.  Esos mismos medios que lo convirtieron en vedette, que le dieron espacio para darse a conocer y dar a conocer su proyecto, quienes le acompañaron en su intentona golpista y lo hicieron un héroe de los pobres, años más tarde sentirían en sus espaldas el peso de la bota del teniente coronel.

En el subconsciente del aventurero militar, Marcel Granier, al parecer, representaba todo lo contrario a su ideario. Granier es un hombre blanco, de buena familia, apuesto, educado, ecuánime, de buen hablar… la envidia de cualquier barinés de piel oscura, rasgos negroides, malhablado, maleducado, feo, pobre, etc.  Muy temprano en su gobierno, cuando aún no se había mostrado tal cual es, Chávez –en un acto con diplomáticos y personalidades de los medios y la política venezolana- dijo que vendería los aviones de PDVSA pues consideraba absurdo que la estatal petrolera tuviese esos lujos innecesarios.  Allí, delante de todos, en cadena nacional, le preguntó a Marcel Granier si quería comprarle uno, le dijo “tú tienes con qué”.  Nunca, definitivamente, fue buena la relación entre ambos.

Mucho más rápido de lo que hubiese podido imaginar el presidente, los medios de comunicación se le voltearon.  Periódicos, televisoras, emisoras de radio, todos empezaron a detractar al gobierno y sus políticas económicas y sociales.

Rápidamente, también, Chávez compró las conciencias que estaban de remate entre periodistas y gente de los medios en general.  Formó un equipo de aduladores que necesitaban trabajo y creó un muro de contención dentro y fuera de la televisora pública, Venezolana de Televisión (VTV).  Se crearon otras emisoras de televisión en todo el país, canales oficiales en televisión por cable, nuevos programas descaradamente pro oficialismo, diarios, semanarios, emisoras de radio, etc., todo financiado con los recursos del Estado, es decir, el dinero de todos los venezolanos.  El holding comunicacional estaba listo, los medios privados son los enemigos a vencer.

En un escenario hostil para la comunicación privada, los medios trataron de hacer su trabajo.  Ciertamente llegó a perderse la objetividad, sobre todo en los albores del año 2002 y 2003.  Venezuela se dividió como nunca y los venezolanos sacaron todo lo feo que había en ellos.

Los medios privados se unieron en una sola voz y esa sola voz pedía la salida de Chávez.  Todos creíamos que el monstruo estaba vencido y resultó que no era así, de manera que cada quien se replanteó su vida y las estrategias a seguir después de la derrota sufrida con el paro, en el revocatorio, en las elecciones legislativas, donde –por cierto- se demostró que al chavismo revolucionario la legitimidad le importa un pito, y todas las derrotas que hemos sufrido los opositores a lo largo de la vida de la Quinta República.

Algunos medios de comunicación decidieron sublevarse  al régimen, otros escogieron el camino de la alianza silenciosa, de agachar la cabeza y pedir piedad.  Ya se había aprobado la ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión, conocida como ley Resorte por el oficialismo y ley Mordaza por la oposición.  Pero como desde su aprobación no había pasado nada, no parecía tan mala la cosa.

Sólo dos canales de televisión se mantuvieron firmes desde el principio: Radio Caracas Televisión y Globovisión.  El primero sufrió las consecuencias y fue sacado del aire, el segundo todavía sigue al aire… por ahora.

Los otros dos principales canales en Venezuela, Venevisión y Televen, pasaron del odio frontal, del insulto, de la lucha animada, al silencio ensordecedor.  Así, de la noche a la mañana.  Igual que aquellos que gritaban “Paro ya” en octubre de 2002 y meses más tarde decían que el paro fue un error de los políticos que no saben lo que hacen; igual que los que se declaraban antichavistas de médula y terminaron trabajando con el gobierno; igual que aquellos que tiraban piedras en las marchas y acabaron metidos de cabeza en una de las tantas misiones rojas rojitas, muchos medios de comunicación, y en especial los dos antes mencionados, optaron por callar, otorgar y sacarle alguito a la revolución.

El 28 de diciembre de 2006, Chávez anunció el cierre de RCTV, argumentando el vencimiento de la concesión de frecuencia.  Todo el mundo, dentro y fuera del país, estaba claro en las razones que impulsaron al gobierno a la no renovación de la concesión, no se trataba de un asunto técnico o económico, se trataba simple y llanamente del pase de la factura política que Chávez tenía pendiente con Marcel Granier y todo lo que el empresario representaba.

El 70% de los venezolanos estaba en desacuerdo con la medida.  La empresa hizo todo lo legal y moralmente posible para evitar el cierre del canal, todo, menos rogar, menos agachar la cabeza ante el dictador.  La línea editorial de RCTV siempre fue clara, NO a la dictadura, NO al socialismo impuesto, NO a los abusos del poder.  Y Chávez respondió NO a la renovación de la concesión.

Mientras RCTV mantenía con firmeza e hidalguía su posición ante el poder, el venezolano feo, el Chávez que también algunos medios de comunicación llevan por dentro, salió a flote y se arrimaron más al poder.  Sí, ese Chávez que se rinde y se acobarda cuando las cosas no le van bien, también afloró en muchos medios de comunicación, que aceptaron la renuncia a sus proyectos, se plegaron a la línea oficialista y están convencidos que eso será suficiente para sobrevivir a la revolución.

En diciembre de 2006, luego del anuncio presidencial, muchos venezolanos apostaban que Chávez sería incapaz de cerrar el canal más antiguo de la televisión venezolana.  Todavía en marzo muchos pensaban que no era posible.  Al fin y al cabo, a lo largo de la existencia de la revolución bolivariana, las amenazas van y vienen sin que se hagan efectivas de inmediato… Chávez cumple sus amenazas, pero la gente no se percata de ello sino cuando ya es demasiado tarde.

El 28 de mayo de 2007, ante la mirada expectante de toda una nación y del mundo entero, cincuenta y tres años de transmisiones continuas llegaron a su fin.  La pantalla de los televisores, sintonizados en el canal dos, quedó en negro, para dar paso al nacimiento de una vergüenza nacional, TVES, un nuevo canal de la revolución.

Más allá de sus defectos y sus virtudes, Marcel Granier, un venezolano bonito, se mantuvo firme hasta el último momento, y con ello desató los vientos de cambio en el país.  Aquella antigua creencia reinante en Venezuela, que sostiene que los empresarios son personas no comprometidas con ideales, que no les importa el país, que si las cosas se ponen difíciles simplemente venden y se van al exterior, quedó invalidada con la posición adoptada por Granier y todo el equipo gerencial de RCTV.  Finalmente un empresario daba la cara y, con hechos, demostraba que sí le importa el país, que sí está comprometido con Venezuela y que no se va a rendir ante un dictador.

Hubo quienes me criticaron por mi posición respecto a Marcel Granier, por afirmar que es un venezolano bonito y no explayarme en cuestionamientos hacia su persona por errores pasados.  Hoy, aprovechando la segunda edición del libro, mantengo mi postura inicial: Marcel Granier es un venezolano bonito, que ha cometido errores, que tiene falencias como todo el mundo, pero que ha hecho un sacrificio inconmensurable, junto con todo el equipo que integra el canal RCTV.  Ni siquiera me atrevería a decir, como afirmaron algunos, que no se debe hacer leña del árbol caído, porque espero que pronto se levanten los que hoy parecen caídos y quede bien demostrado que los valores son lo que sostiene firmes a los grandes hombres de la historia.

Otros empresarios han mantenido su posición ante el avance de la revolución.  Empresas Polar, Hacienda Santa Teresa, el banco comunitario Bangente, la Fundación Mendoza, entre otros, se han mantenido distantes de las seducciones de negociación con un gobierno tiránico.  Pero no sólo se mantienen en la oposición, también ponen su grano de arena para apoyar la independencia de los pobres a las dádivas del estado.  Muchos empresarios han entendido la necesidad de impulsar programas de Responsabilidad Social, otros tantos llevan décadas trabajando en silencio por el desarrollo sustentable de ciertas regiones del país.  Antes lo hacían en silencio, ahora promueven su trabajo, porque parece ser necesario hacerle saber al pueblo que los empresarios capitalistas no son los canallas que les han pintado siempre, que existen empresarios dispuestos a apoyar a los pobres para superar la humillante condición en la que se encuentran, pero no a través de la limosna, no dándoles el pez, sino enseñándoles a pescar y haciéndoles comprender que son capaces de producir lo que necesitan para vivir bien.

Alberto Vollmer creó, en medio de una tragedia, un proyecto que apuesta por la transformación de una realidad a la que nadie ha querido o podido enfrentar.  En una de las tantas entrevistas que le han hecho, Vollmer cuenta: “Proyecto Alcatraz… comenzó por un atraco que se llevó a cabo una madrugada a un inspector de seguridad del complejo azucarero Santa Teresa. Los asaltantes habían sido tres y fueron capturados más tarde por nuestro equipo de seguridad. Yo escuché hablar a los delincuentes, les oí decir que tenían miedo, así que les presenté dos opciones. La primera era ir a la prisión y la segunda era trabajar por tres meses a cambio de nada.

En ese momento, se nos ocurrió que otros compañeros de la banda podrían querer la misma oportunidad y, para nuestra sorpresa, se presentaron 22 muchachos donde los habíamos citado… Sin un tiro desarmamos una banda completa. En Proyecto Alcatraz, a los participantes se les facilita un psicólogo para la formación de valores y la lucha antidrogas. Asimismo, canalizamos las energías para crear liderazgo con deportes como el rugby, que fomenta el trabajo en equipo. Como dije, se reunieron tres personas de una banda y llegaron veintidós, luego contactaron a otra banda y se siguen sumando personas… [hoy son más de 120]. El proyecto tiene un crecimiento rápido y es importante ofrecerles la reinserción social sobre todo en estos momentos en que los principales problemas son la delincuencia y el desempleo”.

La Organización “Justicia y Proceso Venezuela” trabaja de sol a sol para hacerle conocer al mundo la realidad de la situación del sistema judicial en Venezuela.  Los presos políticos no están solos, hay venezolanos bonitos, abogados que están dedicados a luchar por la justicia en el país.

Me sobra certeza al afirmar que existen decenas de grupos civiles organizados para contribuir a la paz y la democracia en Venezuela.  Si hay algo qué agradecerle a Hugo Chávez, es que así como ha sacado lo peor del venezolano, también ha presionado hasta la médula para que salga lo mejor de una sociedad civil que ve en la crisis una oportunidad para ser protagonistas en la Venezuela que se está construyendo en silencio.  Así como los golpistas de 1992 se dedicaron durante muchos años a llevar su mensaje de odio y resentimiento a un pueblo que se sentía olvidado por la democracia, en plena revolución bolivariana hay venezolanos bonitos que están buscando formas de organización ciudadana para llevarle a una sociedad oprimida por la dictadura, un mensaje de desarrollo, libertad y esperanza.  Hay gente trabajando en los cimientos de la nueva república que tarde o temprano brotará espontáneamente, quizá hoy no son mayoría, pero en la medida que los venezolanos despierten en conciencia y asuman el rol protagónico que les espera, creceremos en número y fuerzas para darle un giro al timón.

A partir del cierre de RCTV surgió, a la vista de todos, un nuevo liderazgo nacional, impulsado quizá por los principios democráticos y de libertad de una sociedad que aún tiene mucho por crecer, pero que también tiene mucho por aportar a la historia que será escrita desde entonces.

EL VENEZOLANO FEO. SEGUNDA EDICIÓN AMPLIADA. 2011.